Monsanto sucks!

miércoles, 8 de junio de 2011

Chile: el protagonismo popular.

Se abre un nuevo ciclo de ascenso de luchas



Se ha iniciado a paso lento pero seguro un nuevo ciclo de ascenso de luchas ciudadanas y populares. En un par de semanas la verdadera oposición al Gobierno empresario de Piñera se trasladó a la calle. Son cientos de miles los y las que rechazan a HidroAysén y exigen la satisfacción de demandas que el sistema político binominal y su socio, el modelo capitalista neoliberal les ha negado. La desaprobación de Piñera, la Alianza y la Concertación está en sus máximos históricos. Se ha instalado, para permanecer, una profunda desconfianza en la llamada "clase política".
Es posible avizorar un cambio en la correlación de fuerzas entre los de arriba en el poder, y la multitud de los de abajo que comienzan a ser actores y aspiran a organizarse en los nuevos espacios sociales y políticos por conquistar para poder decidir y zanjar acerca del futuro del país en el que viven y quieren vivir.
Se producen rupturas clave con la cultura dominante y su valor unidimensional del "cada uno para sí mismo con sus cosas". Un cambio de mentalidad abierto a otros posibles se opera. Éste va acompañado de nuevas formas de accionar político solidario y formas colectivas de lucha. Es notoria la irrupción social de importantes franjas juveniles que "no estaban ni ahí"; que no votan y que no vivieron ni la Guerra Fría, ni la dictadura. Se escucha el clamor democrático desde abajo. Hay receptividad ciudadana y popular para llamar a elegir una Asamblea Constituyente que sea la expresión del poder constituyente del pueblo que redacte una nueva Constitución. La propuesta de la Izquierda consecuente de participación ciudadana creadora en Asambleas Ciudadanas amplias, populares y antineoliberales para hacer converger y potenciar las luchas es justa para el momento. Se siente la necesidad de retomar la palabra política y ponerse a buscar soluciones. Urge levantar una alternativa unitaria de toda la izquierda que permita enfrentar juntos y derrotar en todos los escenarios al concertacionismo y a la derecha piñerista conservadora, ambos de factura neoliberal.
No es por mera casualidad que se agiliza este giro a la actividad y compromiso ciudadano en Chile. Fenómeno que ha descolocado a la vieja elite política binominal enfrascada en sus grescas y parodias. Ante la conducta odiosa y deshonesta de los poderosos que agreden a los ciudadanos humildes que trabajan duro para sobrevivir, se levanta la indignación de los que no creen en los moralismos hipócritas (todas las clases dominantes tienen su propio Dominique Strauss Kahn).
Vivimos en un mundo sacudido por movilizaciones de ciudadan@s y trabajador@s de gran impacto y amplitud donde las redes sociales de Internet son subvertidas para ponerlas al servicio de una consciencia y práctica global emergente.
No han sido en vano las grandes movilizaciones antiglobalizadoras que desde el 2000 se han sucedido en Seattle, Québec, Bolonia, Copenhague coreando fuerte que "el mundo no es una mercancía"; ni las manifestaciones contra las guerras imperiales en Irak y Afganistán, ni tampoco el despertar de las primeras naciones indígenas en nuestra Latinoamérica y sus luchas por recuperar su cultura, tierras y reconstituirse en soberanas; ni tampoco las revelaciones de WikiLeaks. No son ajenos a estos levantamientos las luchas de las comunidades bolivianas por recuperar el agua y el gas de manos de compañías privadas, ni los triunfos de gobiernos soberanos que desafían al Imperio como el de Evo Morales en Bolivia, Venezuela y Ecuador. Y la tenaz resistencia de Cuba y su pueblo.
La consciencia individual y social registra, procesa la información, la evalúa para después salir del repliegue privado y dar el paso veloz a la acción colectiva con potencial transformador. Ayudan a este proceso los medios alternativos que en Chile se han consolidado en el espacio de tres años. Contribuye también el aprendizaje crítico al decodaje del relato alienante de los medios monopólicos.
Vivimos momentos históricos. Acabamos de asistir a las movilizaciones y a la explosión de las demandas de libertad y trabajo en el mundo árabe que han volteado a dos dictadores aliados de las potencias imperiales de Europa y Norteamérica; de los indignados en España que ocupan las plazas de Madrid y Barcelona; de los trabajadores en contra de los planes de ajuste, privatizaciones y de austeridad del FMI en Grecia, Francia y Portugal y al rechazo del pueblo de Islandia a pagar la deuda de los bancos privados de su país con los bancos alemanes e ingleses. Son muchas otras formas de micro resistencias al dominio del capital y la oligarquía mundial, que se enriquecen a costa de la explotación del trabajo humano y de la destrucción de los ecosistemas naturales, las que se incuban para luego estallar. Estos ejemplos "dan ideas", como se dice.
El "Fin de la Historia" de los pueblos después de la caída de los muros no llegó como en un libreto hollywoodense. Todo lo contrario. Estamos en el comienzo de un nuevo ciclo de luchas por un mundo mejor que tardó más de dos décadas en repuntar. Allí donde la ideología del individualismo posesivo reinó sin competidores, la solidaridad (fraternidad) de las masas ciudadanas y las nuevas generaciones le salen al paso. Somos testigos del ocaso del poder espiritual y político de la Iglesia Católica. Tampoco hubo un Nuevo Orden Mundial. Aquél declamado por Georges Bush padre, después de invadir Panamá y masacrar a 2.000 civiles en 1989. Hubo más guerras imperiales por el control de los hidrocarburos. Más masacres de civiles y más torturas bajo el control del Estado de excepción y de cuasi guerra permanente. Barak Obama decepcionó; las socialdemocracias y las terceras vías también.
Sin olvidar el calentamiento global producto de la actividad capitalista y la reciente catástrofe nuclear en Fukushima, Japón. Se amontonan los desechos y, sin embargo, el presente nos conecta con las luchas pasadas para en un acto de voluntad construir el futuro.
En todas partes un clamor parecido: más democracia e igualdad, empleos dignos, justicia social, derechos colectivos, de género y de identidad; junto con la preservación del planeta, de sus ecosistemas y biodiversidad. En cada rincón del planeta se desconfía de los políticos y tecnócratas y de sus decisiones al servicio de la lógica del capital. Se es menos tolerante a la soberbia de la tecnociencia y se exige más prudencia y precaución ciudadana.
Crece la brecha social entre los súper ricos y el resto y surge la toma de consciencia de la crisis de legitimidad de las democracias representativas liberales, de sus partidos y de los monopolios informativos en la construcción mediática de la realidad. En todos los horizontes crece el conocimiento y la consciencia de los excesos y peligros del sistema económico capitalista neoliberal; de sus poderes financieros y empresariales y de la tecnología destinada a fines mortíferos.
Ya es evidente que el capitalismo no se "humaniza". Fue el discurso después de la crisis de los mercados financieros, el 2008. Fin de las ilusiones neoliberales y socialdemócratas, comienzo del fracaso de las posturas progresistas recalentadas. Resurge el proyecto de distribución de la riqueza social y de la posibilidad de construir economías solidarias apoyadas en nuevas tecnología limpias.
Al capital y a los mercados se los ve dispuesto a todo con el fin de conservar y aumentar las ganancias. Allá, bajar salarios, despedir empleados, destruir servicios públicos y aumentar las matrículas; aquí, en Chile, mantener salarios bajos y con el Estado, de ellos, reprimir. Negar derechos colectivos, a una jubilación digna y penalizar a las mujeres. Impedir la gratuidad a la educación y a la salud son rasgos propios del sistema. Además de destruir los ecosistemas para lucrar y producir energía que beneficie a un grupito concentrado de empresas mineras nacionales y transnacionales.
En nuestro país son movilizaciones amplias de ciudadanos trabajadores, jóvenes estudiantes secundarios y universitarios, profesionales, jóvenes populares y mujeres las que en sólo un mes han cambiado el paisaje político. Así es como se han ido poblando los espacios públicos y recorrido las calles de Norte a Sur del país rechazando HidroAysén y otros proyectos de termoeléctricas contaminantes.
Los estudiantes se han movilizado exigiendo al Estado, a sus autoridades y a sus propias direcciones el término del modelo del lucro en la educación y su reemplazo por la implantación de un sistema público, laico y sobre todo gratuito de enseñanza primaria, secundaria y universitaria. Se avanza hacia la consciencia de la necesidad de una verdadera Revolución Universitaria, hecha por los estudiantes y los trabajadores y funcionarios.
La movilización por la liberación de los luchadores mapuches en huelga de hambre, que comenzó en octubre se ha reactivado para liberar a los cuatro que aún permanecen en las cárceles bajo una Ley Antiterrorista que viola lo esencial del derecho en democracia.
Y a los conflictos y movilizaciones anteriores se agregan las huelgas, paros y ocupaciones de trabajadores en todas las ciudades del país. Son combates laborales por derechos colectivos y mejores condiciones de vida. Aún dispersos y poco visibles, pero que en la medida en que los otros movimientos vayan avanzando en organización y pequeñas victorias se fortalecerán en un doble movimiento: la recuperación de sus centrales y organizaciones sindicales para democratizarías y librar la gran batalla por una nueva Ley Laboral que los proteja de los planes patronales de flexibilización-aumento de la productividad y, las más puntuales por reivindicaciones salariales y mejores condiciones de trabajo concretas.
Faltan las movilizaciones de las mujeres trabajadoras y empleadas por sus reivindicaciones específicas: un postnatal de nueve meses para todas, con salario completo y sin pérdida del puesto de trabajo. Ya las hubo por la píldora del día después.
Cabe insistir. Las masivas movilizaciones sociales anti HidroAysén no sólo denuncian con indignación la destrucción de la Patagonia y el afán de ganancias de un puñado de empresas nacionales y extranjeras, que con al apoyo del Estado quieren imponerle al país una matriz energética depredadora del medio ambiente, contaminante y nefasta para la calidad de vida, sino que, además, hay un componente claro de rechazo al modelo neoliberal impuesto por la dictadura, aceptado por la Concertación y, actualmente, aplicado con el acelerador a fondo por la clase empresarial y sus representantes directos en el Gobierno de Piñera.
En educación lo mismo. Las masivas movilizaciones estudiantiles expresan la necesidad de terminar con el modelo mercantil en educación, que beneficia a los empresarios de la educación ya sea concertacionistas o del gobierno. El mandamás de Educación es uno de ellos.
Y las respuestas a las demandas mapuche revelan tanto el carácter de Estado colonizador como la esencia de clase del dispositivo legal y de justicia chilenos. El aparato estatal, pese al corto intermedio que fue el Gobierno de la UP, no ha cesado de reprimir, criminalizar y encarcelar a los luchadores por la liberación de la Nación Mapuche, la reconquista de sus territorios ancestrales y por el reconocimiento de su estatuto de Primera Nación en el territorio hoy ocupado por el Estado chileno.
¿Cómo se explica más en detalle este ascenso repentino de la luchas ciudadanas y populares?
La derrota de la Concertación pro neoliberal y "progresista" fue experimentada como un alivio cargado de indiferencia por vastos sectores ciudadanos. Hoy, después de un año, el gobierno de derecha ha decepcionado con sus escándalos y negociados. Sólo un año ha sido necesario para que amplias mayorías se den cuenta que los ricos que ya lo son, quieren siempre tener más. Que la alternancia binominal es consustancial al modelo de dominación postdictadura. Esto significa que si la concertación es reelegida es porque la izquierda antineoliberal y anticapitalista no habrá sabido cómo levantarse en alternativa.
Las movilizaciones traducen en un tipo de acción y de rechazo al sistema económico y político el grado de consciencia democrática, ecologista, antineoliberal y también, aunque minoritaria todavía, anticapitalista. Estos estratos de consciencia han sido el resultado de varios años de luchas parciales y discontinuas en diversos ámbitos. Aquellas contra Ralco y las termoeléctricas contaminantes, así como contra Celco en Valdivia y la Canadiense Barrick Gold en Pascua Lama; las de los pingüinos, de los trabajadores subcontratistas de Codelco, las del pueblo mapuche y de los deudores de ANDHA. A lo que se agrega un dato relevante: la irresponsabilidad y desidia del Estado antes, durante y después del terremoto-tsunami que azotó a los pobres del campo, las caletas y las ciudades de la VIII Región.
Y La respuesta de los ciudadanos y trabajadores de Magallanes, reunidos en la Asamblea Ciudadana de Magallanes, para responder a la provocación piñerista de aumento arbitrario del precio del gas regional fue un hito importante en la resistencia a las políticas neoliberales del Gobierno. El ímpetu de la movilización y la decisión de no retroceder ante el Estado mostró un camino a seguir.
Esta nueva situación política registra un cambio significativo en la correlación de fuerzas entre los de arriba y los de abajo. Los de arriba, propietarios del poder y la riqueza persisten, y los de abajo, parece ser que cada día están menos dispuestos a soportarlos. Tal situación nos galvaniza, potencia e interpela a la vez. Los desafíos nos imponen claridad y apertura al diálogo franco. Tenemos a nuestra disposición esa táctica promisoria que nos dice golpear juntos y marchar separados (si es lo que queremos). Y a much@s nos está uniendo el llamado a elegir una Asamblea Constituyente.
Constatamos que las izquierdas desunidas y fragmentadas no damos ni construimos confianzas. Y nuestra tarea; la de la Izquierda democrática, antineoliberal y anticapitalista, es hacer avanzar esa plataforma básica en la cual todos y todas estamos de acuerdo y que convendría plasmar en una nueva Constitución. Además de trabajar juntos con una coordinación fluida por hacer converger la luchas sociales y políticas. Y en un futuro inmediato ver cómo juntos las proyectamos a la escena electoral. Pero, lo mas importante es apoyar el desarrollo de toda instancia unitaria que viene de abajo, que unifique las demandas, las proyecte a otros espacios de lucha y desarrolle mecanismos de ejercicio de una democracia ciudadana y popular.
Forjemos la unidad y coordinación de la izquierda y del movimiento social en Asambleas de Izquierda para levantar una alternativa de poder.
¡Libertad para los hermanos mapuche!
¡A parar HidroAysén con un plebiscito! 

 
Coordinador Movimiento Generación 80, G80 

Ilustración: Joaquín Sorolla
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=129902

domingo, 5 de junio de 2011

Brasil: Los Olvidados del Río

Los pobladores de las costas del río Xingú, en Pará, luchan contra el proyecto hidroeléctrico de Belo Monte. Ellos son los olvidados por una clase dominante ávida de forrar sus bolsillos con la expoliación del hombre y de la naturaleza. Nunca estarán olvidados por nosotros. Este hermoso video pinta mejor que nadie a esos pueblos.


sábado, 4 de junio de 2011

5 de Junio: Dia Mundial del Medio Ambiente

                                                                           (Zé y María)
En estos últimos días en Brasil fueron asesinados 5 activistas y defensores ambientales. Hoy la hipocresía de quienes sirven a los intereses incalificables de los responsables están especulando con la suerte del famoso Código Forestal, que ya tiene la aprobación de la Cámara de Diputados y aguarda la genuflexión servil de los Senadores para la sanción definitiva. 
La maquinaria del sistema sigue moliendo personas, bosques, animales, llanuras, montañas, ríos y mares. No puede detenerse y sin embargo deberá hacerlo, se predestina y estos nombres son como rocas en su camino: Herenilton Pereira Dos Santos; María Do Espirito Santos Da Silva; José Claudio Ribeiro Da Silva; Adelino "Dinho" Ramos; y Marcos Gomes Da Silva

Perspectivas Ecosociales: Sumak Kawsay (El Buen Vivir)

Reflexiones sobre el sumak kawsay y las teorías del desarrollo

El buen vivir expresa una relación diferente entre los seres humanos y con su entorno social y natural  
Por Pablo Dávalos
 La noción del buen vivir (sumak kawsay), como una nueva condición de contractualidad política, jurídica y natural, ha empezado su recorrido en el horizonte de posibilidades humanas, y de la mano de los pueblos indígenas de Ecuador y Bolivia. Es fundamental, entonces, empezar una reflexión sobre el sumak kawsay (buen vivir) en términos en los que el positivismo occidental entiende como reflexión, es decir, como una analítica de conceptos que pueden positivarse al interior un marco coherentemente estructurado de conceptos, que desde la Ilustración ha sido denominado como ciencia.
Esa reflexión es esencial para ir, si no desalojando del debate de posibilidades humanas al menos acotándolos, dos conceptos que son tan fuertes que su sola crítica o cuestionamiento es ya toda una proeza, se trata de los conceptos de “desarrollo” (como una teleología de la historia), y el concepto de “crecimiento económico” (como una prevalencia de la economía, sobre la política y la sociedad).
Ambos conceptos están íntimamente vinculados y el uno presupone al otro. Tanto aquel de desarrollo, cuanto el crecimiento económico, legitiman sus sentidos epistemológicos, analíticos y simbólicos porque provienen de una de las nociones más caras de la modernidad, y que sería forjada en el Iluminismo: el concepto decimonónico del progreso, y la promesa emancipatoria que implica: esto es, la liberación y superación de las condiciones de necesidad y escasez. La libertad moderna está inscrita en las coordenadas de la producción, y por consiguiente, de la escasez. El desarrollo, por tanto, sería la apuesta de la humanidad por liberarse del férreo yugo de la escasez.
El concepto de desarrollo es tan fuerte que alguna vez se propuso una taxonomía entre regiones del mundo “desarrolladas” y otras que no lo eran y que serían denominadas como “subdesarrolladas”, o más cortésmente “en vías de desarrollo”. Hubo, y aún hay, al respecto una extensa literatura que establecía una serie de recomendaciones a los países denominados como “subdesarrollados” para que superen esa condición e imiten a los países que habían alcanzado el “desarrollo”. Se propusieron, y se dieron incluso como científicamente validadas, las recomendaciones de las teorías del desarrollo que proponían “etapas” hasta llegar al despegue económico (take-off), y que permitan superar el dualismo social (sector moderno vs. sector tradicional). En ese sentido, los marcos epistemológicos de esas teorías del desarrollo se parecían mucho a aquellos de la frenología de Lombroso, o la genética soviética de Lissenko.
El neoliberalismo también ha creado sus propias elaboraciones con respecto al desarrollo y ha propuesto la noción de “mercados emergentes” para los países que antes se consideraban “subdesarrollados”, pero que ahora han crecido en términos de PIB gracias a sus reformas neoliberales.
Esta noción de los “mercados emergentes”, también está hecha para desalojar del debate de las teorías del desarrollo aquella denominación de “tigres asiáticos”, en referencia a Singapur, Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán, y que estuvo de moda en los años ochenta, en virtud de que el crecimiento de estos “tigres” aún conservaba un fuerte tufo a Estado.
En todo caso, el neoliberalismo es más modesto con respecto a la pretensión que tenían las tradicionales teorías del desarrollo, y solamente se limita a demostrar por la heurística del crecimiento del PIB, la manera por la cual las reformas liberales en la economía pueden conducir al crecimiento económico, entendiendo a éste solamente como el crecimiento cuantitativo de la economía por la taumaturgia de mercados libres y competitivos, todo lo demás, para el neoliberalismo, se resolverá gracias a la epifanía de los mercados.
En la teoría marxista, o con inspiraciones en el marxismo, el discurso del desarrollo se inscribía en una visión que asumía la totalidad del capitalismo como un sistema históricamente determinado, y en el cual existían relaciones sociales de producción en el ámbito mundial, sustentadas en el imperialismo. En todo caso, el marxismo siempre consideró al desarrollo más como un problema político que como una cuestión puramente económica.
La teoría de la dependencia, creada al tenor de la escuela cepalina, con fuertes influencias de Marx y de Keynes, hablaba del intercambio desigual y de relaciones asimétricas entre el centro y la periferia. Fue célebre en su momento la tesis de André Gunder Frank, de que, en especial en América Latina, lo único que se desarrollaba eran las propias condiciones del subdesarrollo.
Las décadas de los cincuenta hasta mediados de los ochenta, cuando se produce el viraje ideológico de la CEPAL hacia el neoliberalismo, el debate estará centrado en América Latina, en una comprensión del desarrollo como un fenómeno complejo que incorpora determinantes económicas, sociales, políticas, institucionales, jurídicas y simbólicas, y en la cual las relaciones de poder al interior del desarrollo capitalista generaban las condiciones de aquello que había que entenderse como “subdesarrollo”. Esta vertiente hacía énfasis en las condiciones estructurales del desarrollo económico, de ahí su denominación como “estructuralismo latinoamericano”.
Hay una importante y profusa producción intelectual sobre el capitalismo como un sistema histórico. En las ciencias sociales (mas no en la economía), se utiliza con frecuencia el concepto de “sistema-mundo” ( propuesto por Wallerstein), que tiene relación, de una parte, con el hecho de que el capitalismo es una totalidad orgánica, incluyente y en permanente expansión, y que fuera propuesto, en primera instancia, por Fernando Braudel (el capitalismo como “economía-mundo”), y, de otra, como una relación asimétrica e inequitativa entre el centro y la periferia, cuyas raíces teóricas constan, primero en la teoría del imperialismo (en la línea Bujarin- Hilferding- Lenin), y luego, en la teoría de la dependencia latinoamericana, y aquella del “intercambio desigual” de Samir Amin, Arghiri Emanuel, Theotonio dos Santos, entre otros.
Empero de ello, todas las categorías que refieren al capitalismo y a las relaciones de poder que genera a nivel de países, lo hacen desde un piso epistemológico determinado por la modernidad, vale decir, asumen que, por definición, al capitalismo se lo debe explicar y comprender desde la producción y la economía, y que la economía presupone comportamientos maximizadores de sujetos previamente individualizados, y en donde el tiempo se ha linearizado, y el espacio se ha homogenizado.
Al interior de esas coordenadas hay espacio para las disidencias pero no para las alteridades. Se puede cuestionar al capitalismo y a las teorías del desarrollo, como lo hizo en su momento la teoría de la dependencia, o el marxismo, pero no está permitido abandonar el marco epistemológico que sirve de referencia para la comprensión del desarrollo económico.

Se pueden cuestionar las asimétricas relaciones de poder que genera el desarrollo, e incluso las derivas antiecológicas del crecimiento económico, pero no está permitido cuestionar los supuestos civilizatorios del desarrollo. Se pueden proponer visiones culturalistas del desarrollo, como aquellas que hacen referencia al carácter, al ethos, o a las anacrónicas tradiciones de una cultura determinada, pero no se permite el debate y el cuestionamiento al marco que estructura esa forma de ver al mundo y a las sociedades desde el desarrollo, la modernización y el progreso.
De otra parte, la globalización neoliberal ha cambiado el énfasis en las teorías del desarrollo hacia los mercados como eficientes mecanismos de asignación de recursos y regulación social, y ha cerrado todo espacio posible a propuestas alternativas.
En la academia dominante, en el pensamiento oficial, en las declaraciones públicas, en los pronunciamientos de las cumbres gubernamentales, en los discursos de las agencias de cooperación al desarrollo, en las nociones de sentido de los medios de comunicación, en el sistema de Naciones Unidas, en las organizaciones no gubernamentales, en los pronunciamientos de los principales partidos políticos, las alternativas al neoliberalismo, simplemente, han desaparecido.
Solamente tienen carta de naturalización aquellas propuestas teóricas y normativas que giren alrededor de la idea de los mercados como eficientes asignadores de recursos, como es el caso de aquellos discursos de la competitividad, la liberalización, el aperturismo, la inversión privada, etc.
El discurso económico moderno ha llegado incluso al autismo absoluto: el pensamiento keynesiano que alguna vez abrió las posibilidades para comprender analíticamente la intervención del Estado en la economía, no existe más. En efecto, los modernos textos de economía ni siquiera mencionan el aporte de Keynes y su invisibilización epistemológica es casi total. La adscripción a la idea de los mercados como únicos reguladores sociales, ha acotado de tal manera al discurso de la economía, que se ha convertido en un dispositivo teórico legitimante de las corporaciones.
En ese ambiente, un discurso alternativo al concepto mismo de desarrollo y de crecimiento económico, parece más una herejía que una posibilidad epistemológicamente factible. Una herejía en el sentido medieval del término, porque el conocimiento moderno, sobre todo aquel que legitima las relaciones de poder, como es el caso de la economía y las teorías del desarrollo, se ha convertido en una escolástica que invisibiliza y castiga con el olvido intencional cualquier posibilidad de saberes alternativos. El mercado ha devenido en teología. La idea de que el mercado resolverá por sí solo los problemas sociales es una especie de epifanía de la razón neoliberal.
Las voces críticas que dicen que el desarrollo en sí mismo es un problema son minoría y han sido reducidas a espacios exiguos sin posibilidades de generar prácticas contestatarias. Esas voces críticas decían que la salida del subdesarrollo no es el desarrollo, porque no se trataría de una salida sino más bien de una entrada en la modernidad. Aquello que hay que cambiar, y radicalmente, no es el subdesarrollo sino todo el discurso y la práctica del desarrollo en su conjunto. En otras palabras, hay que asumir al desarrollo como una patología de la modernidad. Lo que es necesario asumir y transformar, entonces, es todo el proyecto civilizatorio en el cual el “Norte” cree a pie juntillas.
Cualesquiera que sean las consideraciones sobre la cuestión del desarrollo, lo cierto es que las preocupaciones sobre las consecuencias del desarrollo capitalista ahora constan en casi todos los debates. El centro de esas preocupaciones gira alrededor de la constatación de los graves daños ambientales que el desarrollo capitalista está produciendo en el planeta, y de los cuales el calentamiento global es solamente una de sus consecuencias más conocidas.
Al interior de las teorías económicas vigentes, incluidas las teorías del desarrollo, no existe, al momento, ninguna alternativa ante los graves problemas ambientales que provoca el crecimiento económico. En las coordenadas de los mercados como eficientes asignadores de recursos no hay expedientes teóricos que evalúen y permitan constreñir el grave daño ambiental provocado por los mercados capitalistas.
Tal como se presenta en los últimos años, el ritmo de crecimiento del capitalismo acota las posibilidades de sobrevivencia de la especie humana, en un debate que ahora cobra un sentido y una urgencia real: de continuar con el actual ritmo de producción y consumo, las teorías del calentamiento global predicen una catástrofe ecológica de consecuencias inimaginables.
Si no existen posibilidades de asumir esos costos ambientales que provoca el crecimiento económico y que ha sido sancionado y legitimado desde la teoría económica vigente, es justo, entonces, que la humanidad busque otros marcos analíticos y otras posibilidades teóricas y epistemológicas por fuera de la teoría económica dominante, y por fuera de la razón liberal.
Va en ello la posibilidad de evitar esa catástrofe ecológica que ha sido descrita por diferentes científicos ambientales y que consta en las más recientes reuniones gubernamentales sobre el calentamiento global. Va en ello también la posibilidad de detener esa otra catástrofe que está a la vista pero que ha sido invisibilizada por el discurso neoliberal del crecimiento económico, y que hace referencia a la iniquidad, pobreza y violencia que azota a la humanidad.
De los conceptos alternativos que han sido propuestos, aquel que más opciones presenta dentro de sus marcos teóricos y epistemológicos para reemplazar a las viejas nociones de desarrollo y crecimiento económico, es el sumak kawsay, el buen vivir. Es un concepto que está empezando a ser utilizado en Bolivia y Ecuador, a propósito de los cambios constitucionales de ambos países; el sumak kawsay (buen vivir), como un nuevo referente al desarrollo y al crecimiento económico, es una de las propuestas alternativas más importantes y novedosas ante la globalización neoliberal.
Sumak kawsay es la voz de los pueblos kechwas para el buen vivir. El buen vivir es una concepción de la vida alejada de los parámetros más caros de la modernidad y el crecimiento económico: el individualismo, la búsqueda del lucro, la relación costo-beneficio como axiomática social, la utilización de la naturaleza, la relación estratégica entre seres humanos, la mercantilización total de todas las esferas de la vida humana, la violencia inherente al egoísmo del consumidor, etc. El buen vivir expresa una relación diferente entre los seres humanos y con su entorno social y natural. El buen vivir incorpora una dimensión humana, ética y holística al relacionamiento de los seres humanos tanto con su propia historia cuanto con su naturaleza.
Mientras que la teoría económica vigente adscribe al paradigma cartesiano del hombre como “amo y señor de la naturaleza”, y comprende a la naturaleza desde una ámbito externo a la historia humana (un concepto que incluso es subyacente al marxismo), el sumak kawsay (buen vivir) incorpora a la naturaleza en la historia. Se trata de un cambio fundamental en la episteme moderna, porque si de algo se jactaba el pensamiento moderno es, precisamente, de la expulsión que había logrado de la naturaleza de la historia. De todas las sociedades humanas, la episteme moderna es la única que ha producido tal evento y las consecuencias empiezan a pasar la factura.
El sumak kawsay (buen vivir) propone la incorporación de la naturaleza al interior de la historia, no como factor productivo ni como fuerza productiva, sino como parte inherente al ser social. El sumak kawsay propone varios marcos epistemológicos que implican otras formas de concebir y actuar; en esos nuevos formatos epistémicos se considera la existencia de tiempos circulares que pueden coexistir con el tiempo lineal de la modernidad; se considera la existencia de un ser-comunitario, o si se prefiere, no-moderno, como un sujeto ontológicamente validado para la relación entre seres humanos y naturaleza; se considera una re-unión entre la esfera de la política con aquella de la economía, una posición relativa de los mercados en los que la lógica de los valores de uso predomine sobre aquella de los valores de cambio, entre otros.
Esto significa que el ser individualizado de la modernidad tiene que reconocer la existencia ontológica de otros seres que tienen derecho a existir y pervivir en la alteridad. Se trata de una cuestión de fondo, porque en las teorías del desarrollo no existe la más mínima posibilidad epistemológica de comprensión a la Alteridad. En el discurso del desarrollo: o se crece en términos económicos (y medidos cuantitativamente por el baremo del PIB), o no se crece. El discurso del desarrollo es una tautología. La Alteridad no existe, y aquello que no existe no puede ser visibilizado.
Para las coordenadas del pensamiento vigente, lo único que existe es la figura del consumidor, la maximización de sus preferencias, la restricción de sus ingresos, y su relacionamiento con el universo de las cosas a través de la utilidad que éstas le pueden prestar, en un contexto de mercados libres y competitivos, y con un sistema de precios transparentes y vaciadores automáticos de los mercados, que generan una noción de origen medieval pero que a la economía moderna le gusta mucho: el equilibrio económico.
En ese esquema básico, no hay lugar para las diferencias radicales que constituyen a la Alteridad. Sin embargo, hay, literalmente, miles de millones de seres humanos, alejados total y radicalmente de las figuras del consumidor y de los mercados libres y competitivos. Seres humanos diferentes a la ontología del consumidor y de la mercancía. Seres humanos cuyas coordenadas de vida se establecen desde otros marcos categoriales, normativos y éticos. Seres humanos que viven en pueblos con una memoria de relacionamiento atávica, ancestral, que nada tienen que ver con la individualidad moderna, ni con la razón liberal dominante.
Incorporar a esos pueblos a la modernidad implica un acto de violencia fundamental porque fragmenta su ser no-moderno y los integra en una lógica para la cual no están preparados y a la cual tampoco quieren ingresar. Es por ello, que las políticas de modernización del Banco Mundial, y de la cooperación internacional al desarrollo, conservan un ethos violento que las convierte en instrumentos de colonización y también de etnocidio (y a veces de genocidio). Los marcos analíticos de las teorías del desarrollo y de la economía actual, son ideologías legitimadoras y encubridoras de ese etnocidio.
Solamente desde una visión como aquella inherente al sumak kawsay (buen vivir) se puede respetar la ontología de la diferencia, y relativizar la modernidad y el capitalismo. El sumak kawsay (buen vivir) es una de las opciones que pueden devolver el sentido de dignidad ontológica a la diferencia radical en el actual contexto de globalización y neoliberalismo.

Pablo Dávalos es economista y profesor universitario ecuatoriano.


Fuente:  http://alainet.org/active/25617&lang=es

jueves, 2 de junio de 2011

Makiritares: Origen del Mundo



“Cuando aún no había nada ni nadie en la tierra, Wanadi existía; irradiando luz, alumbraba solo.
Los primeros hombres fueron cambiados en animales. Así terminaron los primeros hombres.
Wanadi dijo: quiero hacer gente allá abajo. Envió su mensajero, un damodede. Nació aquí para hacer cosas y gentes. El damodede era espíritu de Wanadi. Él fue el primer Wanadi de la tierra, hecho por el otro Wanadi que vive en Kahuña. Aquel otro Wanadi nunca bajó a la tierra; el que vino aquí era el espíritu del otro.
Ahora, Attawanadi hizo muchas cosas buenas y buenas gentes. Nos hizo a nosotros. Es el Wanadi de nosotros, de este mundo de ahora. Para poblar los pueblos hizo la nueva gente.
Tomó tierra; la modeló como hombres. Luego se sentó, soñó ... está viva.

Fumaba, tocaba maraca. Así nació la nueva gente, la de esta Tierra de ahora. 
Primero nació un hombre.
Con tierra del cerro fue hecho. Aquel hombre fue el primero de los makiritares.”

miércoles, 1 de junio de 2011

¿Cómo actúa el Agronegocio? : Seminario Internacional contra el Expolio de Territorios

El MST brasileño, la Asociación de Cabildos Indígenas del Cauca (Colombia) y Per L’Horta intercambian experiencias de lucha en Valencia
Pueblos en resistencia contra la expoliación de sus territorios



¿Qué tienen en común la amazonía brasileña, el departamento colombiano del Cauca y la huerta de Valencia? La resistencia de los pueblos, a mayor o menor escala e intensidad de luchas, contra la expoliación de unos territorios que albergan valiosas fuentes de riqueza. Representantes del MST brasileño, la Asociación de Cabildos Indígenas del Cauca (Colombia) y Per l’Horta (País Valenciano) han compartido experiencias este fin de semana en Valencia, dentro del I Seminario Internacional contra el Expolio de Territorios, organizado por una veintena de ONG, Comités de Solidaridad, sindicatos y grupos ecologistas.James Yatacué, de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) en Colombia, ha negado el valor que el sistema capitalista otorga a la tierra como factor de producción. “La tierra no es un factor comercial ni un medio productivo, sino nuestra madre, es decir, un elemento espiritual que nos da afecto, alimento y todo lo necesario para la vida”. Por ello, “La propiedad ha de ser de todos, colectiva”, ha rematado Yatacué.
Una de las grandes amenazas que pende actualmente en Colombia contra la Pachamama es la minería, por cuya explotación se pelean las trasnacionales de Estados Unidos, Canadá, Japón, China y la Unión Europea, entre otras. “El riesgo de expolio es peor que en 1492”, sentencia el portavoz de ACIN. James Yatacué conoce bien el caso del Cerro La Catalina, un monte sagrado de 3.000 metros de altura ubicado en su colectividad, donde policía, ejército, paramilitares y guerrilla han llegado para disputarse el control de las vetas de oro. 
Las trasnacionales persiguen las licencias de explotación que otorga el estado (entre 10 y 50 años) pero se da la circunstancia de que el oro se encuentra en las cordilleras, donde también se localiza el agua. “Los presidentes cambian un litro de agua por un kilogramo de oro y encima nos acusan de oponernos al desarrollo y a que en Colombia se viva bien”, asegura el portavoz indígena. “Primero nos desplazaban porque atravesaban por nuestras comunidades las rutas del narcotráfico; ahora ocurre lo mismo a causa de los yacimientos de oro, bauxita, coltán o esmeraldas”, agrega.
¿Cómo plantear la resistencia? “Vamos a organizarnos y defender nuestros derechos ancestrales”. Este objetivo pasa por recuperar algunas de las instituciones legadas por la colonia española, pero readaptadas a la realidad indígena. Es el caso de los Resguardos para reivindicar los derechos colectivos sobre la tierra; de los Cabildos como institución de los pueblos indígenas y de colegios para reforzar la lengua, cultura, pensamiento e identidad de estos pueblos (la máxima expresión de esta idea es la creación de una Universidad Autónoma Indígena Intercultural).
Similares fines defiende en Brasil el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) desde su fundación en 1984. Janaina Stronzake, miembro de esta organización, ha explicado en el Seminario contra la Expoliación de los Territorios el papel del Agronegocio como aplicación al mundo rural de las dinámicas propias de un capitalismo en crisis, que busca con ahínco nuevas zonas de extracción de plusvalías. En los últimos 30 años las grandes familias terratenientes del Brasil se han aliado con las multinacionales para desarrollar, con tecnología punta, monocultivos de exportación. Muchas son las semejanzas con la época de la colonia, por ejemplo, el uso de mano de obra esclava (con cifras a la baja, el gobierno de Brasil reconoce la existencia de 25.000 personas que trabajan en condiciones de esclavitud).
¿Cómo actúa el Agronegocio? Según Janaina Stronzake, una de las premisas es la acaparación de tierras en muy pocas manos (por ejemplo, para el cultivo de la soja); No son ajenas tampoco a la agroindustria la construcción de grandes infraestructuras, como el proyecto de represa de Belo Monte en la Amazonía que, además de las extracciones para la ejecución de las obras, implica el desplazamiento forzoso de 20 comunidades. Ni la pérdida de la semilla criolla, con sus 10.000 años de sabiduría incorporada, en favor de otra transgénica por la que hay que pagar una patente a las trasnacionales y de la que no se conocen totalmente sus efectos. También caracteriza al Agronegocio su descomunal impacto ambiental y la represión directa (vía policial o grupos paramilitares) de las resistencias basadas en la ocupación de tierras.
“La soberanía alimentaria supone romper totalmente con este modelo”, afirma la activista del MST. “Porque las empresas del Agronegocio no sólo se apropian de los bienes comunes, como las semillas, sino que generan hambrunas al especular con el precio de los alimentos”. Un caso de libro lo constituye Níger, país que resulta uno de los grandes beneficiarios de la ayuda alimentaria de Naciones Unidas, mientras multinacionales francesas extraen su uranio (tercer productor mundial) y comercializan sobres energéticos para paliar el hambre de la población más pobre. En el mundo rico se produce además un control de las personas, a partir de los modos de alimentación y el tipo de productos que se consumen. “Hay incluso una industria más o menos secreta que produce aromas adictivos para añadir a los alimentos”, apunta Janaina.
Tal vez la dimensiones del problema en el País Valenciano sean diferentes pero el trasfondo es el mismo. A otra escala, en la huerta de Valencia se produce un expolio de los recursos y se condena a la desaparición una forma de vida ancestral, ante la encomiable resistencia de grupos como el Moviment Per l’Horta. Uno de sus miembros, Josep Gavaldà, recuerda “la mayor expoliación de territorio de huerta, del que nunca se habla y del que no hay estudios: el Plan Sur de Valencia implementado durante el franquismo con muy poca oposición, y que provocó la muerte, según algunos testimonios, de numerosos labradores”.
El caso más lacerante de desprecio a la huerta y los valores que representa es la destrucción de la zona hortícola de La Punta, sacrificada para la construcción de una Zona de Actividades Logísticas (ZAL) vinculada al Puerto de Valencia. Hace 13 años que se impulsó esta actuación, apoyada por los partidos políticos mayoritarios y el poder empresarial de la ciudad, que acabó con 65 hectáreas de suelo de huerta fértil. Pese a que se vendiócomo un proyecto esencial para el progreso de la ciudad, la ZAL todavía no se ha puesto en marcha y va para largo. Lo que ya no tiene vuelta atrás es la tierra de huerta arrasada y los 200 vecinos a quienes se les derribó sus alquerías.
“En La Punta se produjo una violación flagrante de los derechos humanos por la expulsión y deportación de vecinos”, afirma Gavaldà. “A mucha gente que no quería vender sus tierras se les expropió a precios muy bajos y esto les hacía muy difícil, una vez perdida su alquería, adquirir una nueva vivienda”, añade. La resistencia pacífica sobre el terreno se topó con la represión de la policía antidisturbios y la vía institucional no dio mejor resultado: las 120.000 firmas recogidas para que las Cortes Valencianas debatieran una Iniciativa Legislativa Popular fue tumbada sin paliativos por el PP. 
Según el portavoz de Per l’Horta, la Generalitat Valenciana ha presentado un Plan para la protección de la huerta que realmente protege muy poco. De hecho, bajo figuras arcanas como las denominadas áreas de reserva se abre la puerta a futuros procesos de urbanización. “La presión de los alcaldes, tanto del PP como del PSOE, una laxa legislación territorial y paisajística y, sobre todo, la posición acrítica y el desarme mental de gran parte de la población no auguran buenos tiempos para la huerta”, afirma Gavaldà. Como señalaba una viñeta de El Roto: “cuando todo esté urbanizado, nos mataremos por un huerto”. 




Ilustración: Pintura de Camille Pissarro


ONG Vida:

LA OMS RECONOCE UNA POSIBLE RELACIÓN ENTRE LOS MÓVILES Y ALGUNOS TIPOS DE CÁNCER

SALUD | Investigadores de 14 países

La OMS reconoce una posible relación entre los móviles y algunos tipos de cáncer

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Foto: Iñaki Andrés
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha llegado a la conclusión de que el uso de teléfonos móviles puede estar relacionado con un aumento del riesgo de sufrir cáncer. Así se desprende, al menos, de su decisión de clasificar los campos de frecuencia electromagnética -como los que desprenden los móviles- como un compuesto "posiblemente carcinógeno" para los humanos, en base a los estudios que lo relacionan con un mayor riesgo de glioma, un tipo de cáncer cerebral.
El debate sobre los móviles y sus posibles efectos negativos sobre la salud lleva años en el candelero. Durante una semana, un grupo de 31 científicos de 14 países se ha reunido en Lyon (Francia) en un encuentro organizado por la IARC, para tratar de arrojar un poco de luz sobre el tema y evaluar el potencial carcinógeno de estas radiofrecuencias.
Han analizado si la exposición a estos campos electromagnéticos puede tener efectos a largo plazo para la salud de las personas, un tema que consideran muy importante debido a que el número de usuarios de móviles aumenta cada año entre los adultos y los niños. Se estima que actualmente haymás de 5.000 millones de estos dispositivos en circulación.
Los expertos han revisado todas las investigaciones publicadas hasta la fecha sobre el uso de teléfonos móviles y el riesgo de glioma, de otros tipos de cáncer y de neuroma acústico (un tumor benigno).
Tras este análisis exhaustivo, el doctor Jonathan Samet, de la Universidad del Sur de California (EEUU), jefe del grupo que ha analizado la cuestión, explica que "la evidencia acumulada es lo suficientemente fuerte como para apoyar una clasificación de estas ondas en el grupo 2B [de compuestos posiblemente carcinógenos]". Indica que "esto quiere decir que podría existir cierto riesgo de cáncer por el uso de móviles, pero que todavía tenemos que analizar mejor esta relación".
"Dadas las potenciales consecuencias para la salud pública de esta clasificación, es importante que se realicen más investigaciones sobre los posibles efectos a largo plazo. Pero, mientras tanto, convendría reducir la exposición a estos dispositivos", añade Christopher Wild, director del IARC.
Las principales conclusiones de esta semana de debate se publicarán en una monografía de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y en el número de julio de la revista 'The Lancet Oncology'.

La clasificación de la OMS

La organización sanitaria clasifica los compuestos en cuatro categorías, según el riesgo que tengan para la salud humana.
El grupo 1 define aquellos productos que son carcinógenos para las personas y existen evidencias claras y suficientes sobre esta relación.
El grupo 2 engloba a los agentes sobre los cuales existe casi suficiente evidencia sobre su potencial carcinógeno, por un lado, o cuando a pesar de no existir datos en humanos sí hay evidencias suficientes en investigaciones con animales. Esta categoría se divide en 2A -probablemente carcinógenos- y 2B -el grupo al que se han asignado los teléfonos móviles y que corresponde a aquellos compuestos 'posiblemente' carcinógenos-.
El grupo 3 hace referencia a productos que no son clasificables como carcinógenos para los humanos porque no existen suficientes pruebas. Y, por último, el grupo 4 que señala a los agentes no carcinógenos porque existen evidencias de que son seguros.


Publicado por diario www.elmundo.es (España) hoy 31 de Mayo de 2011
Gentileza ing.Néstor Hugo Mata-investigador de la UTN de Bahía Blanca-
asociación civil VIDA-Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina