Monsanto sucks!

lunes, 28 de enero de 2013

Vivir Bien / Buen Vivir.Filosofía, Políticas, Estrategias y Experiencias Regionales

Fernando Huanacuni


El proceso de cambio que emerge en la región, desde la visión de los pueblos ancestrales indígena-originarios, irradia y repercute en el entorno mundial, promoviendo uno de los paradigmas más antiguos: el «paradigma comunitario de la cultura de la vida para Vivir Bien», el cual está sustentado en una forma de vivir plasmada en la práctica cotidiana del respeto, de la relación armónica y el equilibrio con todo lo que existe, comprendiendo que en la vida todo está interconectado, es interdependiente y está interrelacionado. Los paradigmas de vida dominantes conceptúan al individuo como el único sujeto de derechos y obligaciones, instituyéndolo como el único referente de vida. Por lo tanto, los sistemas jurídico, educativo, político, económico y otros se adecuaron a estos paradigmas y responden a los derechos y obligaciones meramente individuales. Los pueblos indígenas originarios están trayendo algo nuevo (para el mundo moderno) a las mesas de discusión, sobre cómo la humanidad debe vivir de ahora en adelante, ya que las ideologías de mercado mundial, el crecimiento económico, el corporativismo, el capitalismo y el consumismo, que son consecuencia de un paradigma occidental, son en diverso grado las causas de la grave crisis social, económica y política. Ante estas condiciones, desde las diferentes comunidades de los pueblos originarios de Abya Yala decimos que, en realidad se trata de una crisis de vida. La visión del capital como valor fundamental del pensamiento occidental generó enormes brechas entre ricos y pobres. Estos referentes de vida han propiciado un escenario de desencuentros y han ido profundizando cada vez más los abismos entre seres humanos y entre el ser humano con todo lo que le rodea, llevando a la humanidad a un alto grado de insensibilización. Más allá de lograr «una mejor calidad de vida», cual fuera la promesa de la modernidad; la humanidad avanza cada día más hacia la infelicidad, la soledad, la discriminación, la enfermedad, el hambre… y más allá de lo humano, hacia la destrucción de la Madre Tierra. Así, en estos tiempos en que la humanidad está en crisis, es importante escuchar y practicar la herencia de nuestros abuelos, esta cosmovisión emergente que busca reconstituir la armonía y el equilibrio de la vida con la que convivieron nuestros ancestros, y que ahora indudablemente es la respuesta estructural de los pueblos indígena originarios para toda la humanidad: el horizonte del Vivir Bien o Buen Vivir. La modernidad a través de la globalización impone el horizonte del «Vivir Mejor» y bajo esa lógica ocasiona desencuentros no solo entre seres humanos, sino también con la naturaleza y el cosmos. Además, Occidente ha sobrevalorado la razón, dejando de lado la sensibilidad y el afecto tan presentes en la forma de vida de los pueblos ancestrales. Bajo la influencia de este momento histórico, toda la sociedad está inmersa en tiempos de cambio y a la vez, todos y cada uno de los seres humanos somos corresponsables como generación, de coadyuvar con estos cambios que apuntan a reconsiderar la aplicación de nuevos paradigmas de vida en lugar de aquellos paradigmas de Occidente homogeneizadores, ya sea de individualismo o de colectivismo extremos, que están causando tanto daño en las relaciones interpersonales, sociales y de vida. Los pueblos indígena originarios, desde el Norte hasta el Sur, pese a las condiciones adversas de vida, siempre nos hemos mantenido firmes a través de la identidad. Hemos convivido en equilibrio y armonía reconociéndonos como parte de la Madre Tierra. A través de diferentes formas de expresión de cada pueblo, el horizonte siempre fue el Vivir Bien o Buen Vivir. En cada momento y época difícil en la historia, supimos resistir manteniendo los principios y valores que no tienen tiempo ni espacio. El Vivir Bien o Buen Vivir, antiguo y nuevo paradigma heredado de nuestros ancestros, abre la puerta para el cultivo de una nueva sociedad. Todo vive y todo es importante para el equilibrio y la armonía de la vida; la desaparición o el deterioro de una especie, es el deterioro de la vida. La vida nos invita a retomar un principio natural básico heredado de nuestros abuelos y abuelas para reconstituir nuestra comunidad de vida: somos hijos de la Madre Tierra y del Cosmos (Pachakaman Pachamaman wawapatanwa).

Definición de Vivir Bien/Buen Vivir
El concepto del Vivir Bien desde los diferentes pueblos originarios se va complementando según las experiencias que cada pueblo tiene. Según la ideología dominante, todo el mundo quiere vivir mejor y disfrutar de una mejor calidad de vida. De modo general asocia esta calidad de vida al ingreso per cápita y por lo tanto al producto Interno Bruto (PIB) de cada país.1 Sin embargo, para los pueblos indígena originarios, la vida va más allá de medirla en función solamente de la economía, tiene que ver con la armonía y el equilibrio que son su esencia. Los términos utilizados en español para traducir el suma qamaña (aymara) o sumak kawsay (quechua) son «Vivir Bien», utilizado en Bolivia, y Buen Vivir, utilizado en Ecuador. Pero es necesario reflejar la traducción más amplia de los términos aymaras y quechuas.En la cosmovisión de los pueblos indígena originarios, en primer lugar está la vida en relaciones de equilibrio y armonía, por lo que qamaña se aplica a quien «sabe vivir». Ahora bien, el término suma qamaña se traduce como «Vivir Bien», pero este no explica la real magnitud de su significado. Por eso es necesario recurrir a la traducción de los términos originales en ambas lenguas.Desde la cosmovisión aymara, del jaya mara aru2 o jaqiaru,3 suma qamaña se traduce de la siguiente forma: Suma: plenitud, sublime, excelente, magnífico, hermoso.• Qamaña: vida, vivir, convivir, estar siendo. Entonces, la traducción de suma qamaña que más se aproxima es «vida en plenitud». Actualmente se traduce como «Vivir Bien» .Por otro lado, la traducción del kichwa o quechua (runa simi), es de la siguiente manera:• Sumak: plenitud, sublime, excelente, magnífico, hermoso(a), superior.• Kawsay: vida, ser estando. Por lo tanto, el suma qamaña o sumak kawsay es el proceso de la vida en plenitud. La vida en equilibrio material y espiritual. La magnificencia y lo sublime se expresa en la armonía, en el equilibrio interno y externo de una comunidad. Es el camino y el horizonte de la comunidad, alcanzar el suma qamaña o sumak kawsay, que implica primero saber vivir y luego convivir. Saber vivir, implica estar en armonía con uno mismo: estar bien o sumanqaña y luego, saber relacionarse o convivir con todas las formas de existencia. En el Vivir Bien, nos desenvolvemos en armonía con todos y todo, en una convivencia donde todos nos preocupamos por todos y por todo lo que nos rodea. Lo más importante no es el ser humano ni el dinero, sino la vida. El Vivir Bien apunta a una vida sencilla que reduzca nuestra adicción al consumo y mantenga una producción equilibrada sin arruinar el entorno. En este sentido, Vivir Bien es vivir en comunidad, en hermandad, y especialmente en complementariedad, es una vida comunitaria, armónica y autosuficiente. Vivir Bien significa complementarnos y compartir sin competir, vivir en armonía entre las personas y con la naturaleza. Es la base para la defensa de la naturaleza, de la vida misma y de la humanidad toda. El Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, ya que el vivir mejor es a costa del otro. Vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, individualismo, solo pensar en el lucro. Porque para el vivir mejor, frente al prójimo, se hace necesario explotar, se produce una profunda competencia, se concentra la riqueza en pocas manos.
En algunos países del Norte, en las grandes metrópolis, hay personas que se compran una ropa, la usan una vez y luego la arrojan a la basura. Esa falta de interés por los demás genera entonces oligarquías, noblezas, aristocracias, élites que siempre pretenden vivir mejor a costilla de los demás. No hay interés por la vida de los demás, solo por uno mismo y a lo sumo por su familia. El Vivir Bien está reñido con el lujo, la opulencia y el derroche, está reñido con el consumismo. No trabajar, mentir, robar, someter y explotar al prójimo, atentar contra la naturaleza, posiblemente nos permita vivir mejor, pero eso no es Vivir Bien, no es una vida armónica entre el ser humano y la naturaleza. En nuestras comunidades no queremos vivir mejor, ya que el vivir mejor acepta que unos puedan estar mejor a cambio de que los otros, las mayorías, vivan mal. Estar mejor nosotros y ver a otros que están peor, eso no es Vivir Bien. Queremos que todos podamos vivir bien, queremos lograr relaciones armónicas entre todos los pueblos. La identidad está relacionada con el Vivir Bien. En el Vivir Bien, todos y todo tenemos que sentirnos bien, disfrutar plenamente una vida basada en valores que se han resistido por más de 500 años. Estos valores, estos principios son la identidad que nos han legado nuestros abuelos, la armonía y el complementarnos en nuestras familias y en nuestras comunidades con la naturaleza y el cosmos, más la convivencia por medio del consenso diario entre todos y todo en nuestras comunidades y la sociedad entera. La armonía o el equilibrio están relacionados con el vivir bien, la complementariedad está relacionada con el vivir bien, el consenso está relacionado con el vivir bien. Todos y todo somos parte de la Madre Tierra y de la vida, de la realidad, todos dependemos de todos, todos nos complementamos. Cada piedra, cada animal, cada flor, cada estrella, cada árbol y su fruto, cada ser humano, somos un solo cuerpo, estamos unidos a todas las otras partes o fenómenos de la realidad. «Vivir Bien», como concepto en idioma español, se queda pequeño ante el real significado en el idioma original; la esencia del suma qamaña o sumak kawsay es muy amplia desde la comprensión de los idiomas aymara-quechuas. Existen varios aspectos comunes entre todas las cosmovisiones de los pueblos originarios ancestrales de todo el mundo. Todos ellos, a través de diferentes idiomas conciben y expresan el concepto del Vivir Bien. Al hablar de Vivir Bien, se hace referencia a la convivencia de toda la comunidad, no se trata del tradicional bien común reducido o limitado solo a los humanos, el Vivir Bien o Buen Vivir, abarca a todo cuanto existe, preservando su equilibrio y buscando la armonía entre los seres humanos y las demás formas de existencia, visibles e invisibles. Aunque con distintas denominaciones según cada lengua, contexto y forma de relación, los pueblos indígena-originarios tienen la conciencia de un principio básico: «somos hijos de la Madre Tierra y del Padre Cosmos» y guardan un profundo respeto por ellos. Desde el pueblo aymara-quechua la llamamos Pachamama (Madre Tierra) y Pachakama (Padre Cosmos), otros como el pueblo mapuche: Ñuke Mapu (Madre Tierra), para los Ngobe Bugle de Panamá: Meyedobo (Madre Tierra) o los Urus que siempre han vivido sobre las aguas dirán Qutamama (Madre agua), que es la que les generó vida y los hermanos de la Amazonía dirán Madre Selva en sus respectivas lenguas. Pero ningún pueblo que guarda la sabiduría ancestral dice simplemente tierra, o planeta, o medio ambiente, hay una relación de familiaridad, de cariño, de saber que vive; más aún es nuestra madre.Los pueblos Maya, Mapuche, Kuna, Dené, Ngobe Bugle, Kolla de Argentina, Embera, Araona, Guaraní, entre otros han aportado desde sus diversas cosmovisiones4 aspectos importantes para comprender el Vivir Bien, pues contemplan aspectos comunes que podemos articular en: Vivir Bien/Buen Vivir es la vida en plenitud. Saber vivir y convivir en armonía y equilibrio; en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia, visible e invisible, en un respeto permanente. Y ese, que es justamente el camino y el horizonte de la comunidad, implica primero saber vivir y luego convivir. No se puede vivir bien si los demás viven mal, o si se daña la madre naturaleza. Vivir Bien significa comprender que el deterioro de una especie es el deterioro del conjunto. Vivir Bien tiene una connotación espiritual, por tanto todo es sagrado y buscamos relacionarnos con respeto y responsabilidad. Vivir Bien está unido a la plenitud y eso es ser nosotros mismos, expresar nuestra capacidad natural; también significa convivencia con responsabilidad
(1. El PIB representa todas las riquezas materiales que produce un país. Entonces, de acuerdo con este criterio, los países mejor situados son Estados Unidos, seguido de Japón, Alemania, Suecia y otros. El PIB es una medida inventada por el capita-lismo para estimular la producción creciente de bienes materiales de consumo. 2. Jaya mara aru de la lengua aymara significa «voz o palabra del inicio de los tiempos».3. Jaqiaru de la lengua aymara significa «voz o palabra de la gente»
4. Las diversas formas en que los pueblos citados conciben el Vivir Bien se encuentran descritas en el libro: Vivir Bien / Buen Vivir. Filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales de Fernando Huanacuni publicado por la CAOI el año 2010.)

Vivir Bien y vivir mejor
Para comprender el horizonte del suma qamaña o Vivir Bien (vida en plenitud), debemos comprender la diferencia entre el Vivir Bien y el vivir mejor. Estas dos formas de vida vienen de cosmovisiones diferentes, dos caminos, dos paradigmas con horizontes distintos. Sin duda, bajo la lógica de Occidente, la humanidad está sumida en el vivir mejor. Esta forma de vivir implica estar mejor que el otro; ganar más dinero, tener más poder, más fama, un mejor auto, una mejor casa, un mejor título, etc. El vivir mejor implica un progreso ilimitado, promueve el consumo inconsciente, incita a la acumulación material e induce a la competencia; una competencia con los otros para ser mejor y tener cada vez más, para crear más y más condiciones para «vivir mejor». Sin embargo, para que algunos puedan «vivir mejor»5 millones y millones tienen y han tenido que «vivir mal». Es la contradicción capitalista. En el sistema educativo actual, desde el ciclo inicial hasta la educación «superior» se enseña, se afirma y reafirma la competencia, en una carrera en la que hay que ganar aún a costa de los demás y no se contempla, ni considera la posibilidad de complementarnos. Para la sociedad actual de pensamiento y estructura occidental «competir» es la única lógica de relación. A través de su principio «ganar no es todo, es lo único». Occidente motiva y promueve la lógica del privilegio y del mérito y no de la necesidad real comunitaria. La existencia de un ganador implica que haya muchos perdedores y eso significa que para que uno esté feliz, muchos tienen que estar tristes. La visión del vivir mejor ha generado una sociedad desigual, desequilibrada, depredadora, consumista, individualista, insensibilizada, antropocéntrica y antinatura. En la visión del Vivir Bien, la preocupación central no es acumular. El estar en permanente armonía con todo, nos invita a no consumir más de lo que la naturaleza puede soportar, a evitar la producción de residuos que no podemos absorber con seguridad y nos incita a reutilizar y reciclar todo lo que hemos usado. En esta época de búsqueda de nuevos caminos para la humanidad la idea del «Vivir Bien/Buen Vivir» tiene mucho que enseñarnos. El Vivir Bien no puede concebirse sin la comunidad. Justamente, irrumpe para contradecir la lógica capitalista, su individualismo inherente, la monetización de la vida en todas sus esferas, la desnaturalización del ser humano y la visión de la naturaleza como «un recurso que puede ser explotado, una cosa sin vida, un objeto a ser utilizado».
(5. Para que unos pocos vivan mejor, que es lo que sucede ahora en el Primer Mundo, para asegurar esas desmedidas demandas de consumo y despilfarro, tie-ne que existir un Tercer Mundo que provea de materias primas y mano de obra baratas.)

Paradigma indígena originario: paradigma comunitario.
Para reconstituir el paradigma de acción y esencia comunitaria, se debe comprender la concepción cosmogónica comunitaria. Las diversas naciones indígena originarias desde el norte hasta el sur del continente de Abya Yala, tienen a su vez diversas formas de expresión cultural, pero emergen del mismo paradigma comunitario: conciben la vida de forma comunitaria, no solamente de relación social sino de profunda relación de vida. Por ejemplo, la nación aymara igual que la nación quechua, conciben que todo viene de dos fuentes: Pachakama o Pachatata (Padre cosmos, energía o fuerza cósmica) y Pachamama (Madre Tierra, energía o fuerza telúrica), que generan toda forma de existencia. Para los pueblos indígena originarios es claro y contundente: Si no reconstituimos lo sagrado en equilibrio (Chacha Warmi, Hombre Mujer), lo espiritual en nuestra cotidianidad, definitivamente no habremos cambiado, de hecho no tendremos la posibilidad de concretar ningún cambio real en la vida práctica. Los pueblos indígena-originarios perciben la complementariedad, con una visión multidimensional, perciben más premisas que solamente el SI y el NO; como por ejemplo «Inach o inaj», términos que en aymara nos hablan de un punto de encuentro, de equilibrio central e integrador; esta lógica hace emerger a las personas en la actitud natural complementaria comunitaria; lo individual no desaparece, más bien emerge fortalecido y pleno en su capacidad natural dentro la comunidad. Se trata de un equilibrio entre comunidad e individualidad. Los problemas globales necesitan soluciones globales estructurales. Requerimos de un amplio cambio en la visión de la vida, la humanidad busca respuestas y los pueblos indígena originarios plantean para esta crisis de vida, el paradigma de la cultura de la vida, que es naturalmente comunitario. El paradigma de la cultura de la vida emerge de la visión de que todo está unido e integrado, y que existe una interdependencia entre todo y entre todos. Este paradigma indígena-originario-comunitario emerge como una respuesta sustentada por la expresión natural de la vida ante lo antinatural de la expresión moderna de visión individual; entonces es una respuesta no solamente para viabilizar la resolución de problemas sociales internos, sino esencialmente para resolver problemas globales de vida. El ser humano hoy tiene que detenerse y ver hacia atrás y también hacia el horizonte y preguntarse acerca de cómo se siente, cómo está, e inevitablemente seguro sentirá que hay soledad y desarmonía a su alrededor. Hay un gran vacío dentro y fuera de cada uno y es evidente que se han desintegrado muchos aspectos de la vida tanto individuales como familiares y ni qué decir de las sociedades. Parece tratarse de una disfunción colectiva que ha anulado la sensibilidad y el respeto por todo lo que está alrededor, dando como resultado una civilización muy infeliz y extraordinariamente violenta, que se ha convertido en una amenaza para sí misma y para todas las formas de vida. Para reconstituir nuestra vida, necesitamos impulsar acciones en muchas dimensiones, locales, nacionales e internacionales. Emerger de una conciencia comunitaria para vivir bien, comprender que podemos empezar por integrarnos a todo y a todos, comprender la necesidad de acercarnos a los demás. En este proceso de entendimiento de nosotros y de los demás no hay un primer paso seguido de un segundo, sino una interacción permanente, pues una reflexión interna inmediatamente genera una repercusión externa, más aún es simultánea, así iremos dialogando y reencontrándonos. Habiendo reflexionado y sentido esa soledad interna y externa, es necesario volver a integrarnos y ver hacia dónde estamos caminando. ¿Será hacia el vivir mejor, la acumulación económica o hacia el éxito individual, que están deteriorando la vida; o hacia el Vivir Bien, hacia el despertar en la sonrisa de los demás, en la alegría y el brillo de los ojos de los demás? Esto trasciende no solamente a lo étnico o a las fronteras, sino a toda la vida en su conjunto, que hoy por hoy se encuentra en emergencia. Ir más allá de solamente lo racional para devolvernos en esa visión multidimensional natural, junto a la capacidad de percibir otros aspectos importantes de la vida, más allá de lo estrictamente material, en especial aquello intangible que también determina nuestras vidas. Los pueblos indígenas de la Amazonía,6 en sus reflexiones, mencionan «Nos hemos alejado de nuestros principios mayores, y sobre todo cuando nos encontramos en los centros urbanos, somos presas y caemos fácilmente en las trampas del poder económico y del individualismo. Con esas amarras, nos tornamos agentes suicidas en nuestros sistemas sociales y culturales. La vergüenza de ser lo que somos genera cambios en nosotros como personas y buscamos hacer esto también a los demás. Alejados de nuestro sistema socioeconómico y cultural, en el que no se permite que una persona trabaje para el usufructo de otro, en la actualidad hemos experimentado de tal forma la relación social, que muchos de los jóvenes con tal de ganar un sueldo, dejan la vida comunitaria para tornarse en agentes del «desarrollo». Casi todos nosotros en la Amazonía producimos para la economía de mercado y negociamos directamente con ella, sea a través de la venta de productos nuestros o externos. Esto ha quebrado el sistema de reciprocidad-producción, distribución y consumo, ha alterado el uso de los recursos naturales y la forma de movilidad social y sobre todo el cambio en las matrices alimenticias. Más allá de solo un nuevo planteamiento, es algo que surge para restablecer la vida. Hay que empezar a emerger desde la cultura de la vida; que tiene un enfoque comunitario. Para ello es necesario volver a sensibilizar al ser humano; y esto parte de una integración, pero no una integración solo humana, sino con todas las formas de existencia.
-6. Publicado en la Agenda Indígena Amazónica de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA)-.

 Indicadores del Vivir Bien/Buen Vivir.
Desde 1946 cuando el presidente estadounidense Truman introduce el concepto de «subdesarrollo», con la consecuente denominación de países desarrollados y países subdesarrollados, se agudizan las desigualdades e inequidades entre países de tal forma que alrededor de los años setenta se hace necesario comenzar a hablar de «desarrollo con equidad». Sin embargo, los años transcurren y las cosas no cambian y los cuestionamientos se agudizan en los ochenta. Ya para la década del noventa se propone el concepto «desarrollo sostenible». Hoy en día, veinte años después de haberse propuesto este, podemos comprobar que las desigualdades continúan, la pobreza continúa y más aún no se ha resuelto, ni cambiado nada. La idea del desarrollo en sí, está asociada directamente con la producción de bienes, con el dinero y con la riqueza, y se le concede la virtud de ser reproducida casi infinitamente y como concepto y forma de vida es totalmente inherente al «vivir mejor». Podemos constatar que este horizonte lejos de lograr que los países estén mejor, solo ha profundizado las diferencias. Este desarrollo se ha asociado directamente al nivel de riqueza económica y por lo tanto el incremento del PIB (Producto Interno Bruto) ha sido el mayor afán de los países, que, orientados únicamente hacia la generación de riqueza, han ido expresando desequilibrios y deterioro en la naturaleza, compitiendo para elevar su nivel de Producto Interno Bruto y poder ser catalogados como países desarrollados. Pero desde Occidente mismo emergen críticas a esta forma de medir el bienestar de un país y en este sentido se plantean alternativas para buscar nuevos indicadores.
En 1990, se plantea el IDH (Informe sobre Desarrollo Humano) en un informe presentado en el PNUD, que pretende aplicar una nueva concepción del desarrollo más allá de las fronteras económicas y se descarta el PIB como único instrumento de medición del bienestar de un Estado. Se trata de un indicador que identifica la situación de un país mediante un índice compuesto. Entre sus precursores podemos encontrar a Amartya Sen en la década de los ochenta, con su aporte sobre la teoría de las capacidades que incide en la necesidad de enfocar los estudios de bienestar en las capacidades y habilidades de la gente. Entre algunos de los aspectos que mide este indicador están los índices de alfabetización, de mortandad, expectativa de vida, nivel de escolaridad, tanto en varones como en mujeres, distribución de la riqueza y otros. El rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, en 1972 planteó el FIB (Felicidad Interna Bruta), como respuesta a Occidente ante las críticas del parámetro de pobreza. Este se basa en la premisa de que: El cálculo de la riqueza debe considerar otros aspectos, además de lo económico, como la preservación del medio ambiente y la calidad de vida de la gente. El objetivo de una sociedad debe ser, según este planteamiento, la integración de lo material con lo psicológico, lo cultural y los aspectos espirituales.7 En noviembre de 2007 se celebró el 5º. Congreso Internacional sobre Felicidad Interna Bruta en Brasil, en el que se estableció, a raíz de un estudio construido con una matriz de 150 indicadores, nueve dimensiones para el estudio de las sociedades. Los pueblos originarios también hacemos una nueva propuesta en el horizonte del Vivir Bien, considerando indicadores en un contexto más amplio, con el propósito de no descuidar ningún aspecto de ese equilibrio perfecto que constituye la vida. Se valoran, por lo tanto, aspectos relacionados con la preservación del equilibrio y armonía de la naturaleza y las condiciones de vida de las personas y además de todos los seres. La sociedad cuya orientación sea Vivir Bien, debe generar espacios para la expresión tanto de lo material, como de lo mental, lo emocional y lo espiritual, a partir de la identidad, aunque  en un contexto no solamente individual sino comunitario, lo cual integre también a todas las formas de existencia que son parte de esa comunidad, además de solo el ser humano. En esta expresión integral deben orientarse nuevamente los gobiernos y en este sentido los estados tienen que recuperar sus roles y capacidades que hasta el momento en prácticamente todo el mundo occidental han atendido solo a unos cuantos y no a todos. El planteamiento en el horizonte del vivir bien parte de la premisa de que todo vive y todo es importante en el equilibrio de la vida, por lo tanto más allá de la visión antropocéntrica, el Vivir Bien plantea que los estados protejan y cuiden de todas las formas de existencia. El Estado debe reconstituirse en su capacidad de cuidar primero, la vida y las otras capacidades, es decir, la capacidad social, productiva y otras deben estar enmarcadas en la capacidad de cuidar la vida permanentemente.
(7. Extraído de la página web: www.felicidadinternabruta.org.br/en.html.)

Capacidad de cuidar la vida.
La capacidad de cuidar la vida en el horizonte del Vivir Bien significa que su capacidad social y su capacidad productiva tienen que estar en equilibrio y armonía con la vida, es decir, no por querer ser pro-ductivo va a depredar la vida, tiene que ser productivo en función de cuidar la vida. No por velar por lo social, va a caer en un enfoque antropocéntrico y ser un depredador de otras formas de existencia, en el concepto comunitario debe cuidar toda la estructura de vida. No por querer hacer caminos, por ejemplo, va a arrasar con comunidades y destrozar todo un equilibrio de determinada región. El Estado en el horizonte del Vivir Bien no puede construir destruyendo como lo ha hecho Occidente. Occidente ha generado bienes y servicios en una visión solo antropocéntrica pues otras formas de existencia han sido afectadas por lo tanto ha sido afectado el equilibrio de la vida. Cuando decimos que Vivir Bien es saber vivir y convivir no solamente hablamos de una relación social, sino de cómo nos relacionamos con otras formas de existencia.

Capacidad social
El Estado debe cuidar de todos los habitantes con políticas de distribución y redistribución que no olviden a nadie. No significa que debe ser asistencialista, sino que debe tener la capacidad de proyectar la forma de no desatender a nadie, especialmente a los que requieren, circunstancialmente, mayor atención.

Capacidad productiva.
No puede el Estado asistir, ayudar, ni cuidar a nadie, si no tiene los fondos necesarios, por lo tanto el Estado debe producir, es decir, debe tener empresas pero no solamente para ayudar sino para dar accesibilidad a los servicios vitales.

Capacidad de articular y relacionarse o convivir con los países que le rodean.
 Actualmente nos hemos cerrado tanto al interior de los países, que nosotros mismos nos estamos negando posibilidades de ayudarnos y complementarnos. Necesitamos buscar relaciones en el marco del respeto, sin la lógica de superposición de un Estado a otro. Bajo el concepto de la complementariedad, nadie se subordina a nadie, sino que nos complementamos en nuestras necesidades, riquezas o potencialidades. En este sentido qué parámetros nos pueden ayudar a comprobar que una sociedad, un país o una región está viviendo bien; tomando en cuenta que es un proceso y que por lo tanto habrán etapas. En una primera etapa se tienen que resolver las necesidades más urgentes. Por ejemplo, millones de personas no tienen vivienda propia, viven en alquiler o anticrético, o viven endeudados por haber construido sus propias casas. Entonces en una primera etapa, el Estado debe garantizar que estas personas tengan vivienda, otorgando préstamos con un mínimo de interés o ningún interés, pues las personas que actualmente son prestatarias viven en un permanente e interminable sufrimiento tomando en cuenta que los bancos no prestan dinero de manera solidaria o con carácter social. Hay que decirlo claramente: ellos lucran con el sufrimiento de las personas. Por tanto, hay que recuperar la capacidad productiva y social del Estado para asistir a los más necesitados y luego a toda la población. En una segunda etapa, ya sea simultáneamente o posterior a la primera, se proyectarán a largo plazo condiciones de vida diferentes.
Por ejemplo, revertir el hacinamiento de las ciudades en un proyecto de desconcentración productiva; es decir, en este momento hay un hacinamiento en las ciudades producto de que todos quieren ser «citadinos» y ya no campesinos, por esa falsa valoración producto de la educación. Entonces todos migran a las ciudades en busca de trabajo, de una «mejor educación» y de «mejorar las condiciones de vida» .La actividad agrícola está ligada a ser campesino y como nadie quiere serlo, ya nadie tampoco quiere dedicarse a esta actividad, a esto se suma el olvido de los gobiernos en muchos países, de las áreas rurales (aunque se debe resaltar que en Bolivia a partir del año 2006 se ha comenzado a revertir las consecuencias de ese olvido y postergación). Entonces si los estados comprenden que esta actividad no es una actividad más, sino que es una actividad vital, es un buen principio para proyectar la desconcentración productiva y por lo tanto revertir el hacinamiento de las ciudades. Pero esto requiere de un nuevo proceso de educación, es una de las actividades más importantes de la vida no solamente porque genera alimentos, sino porque de esa actividad se comprende la vida como un proceso de fuerzas que convergen; la interacción de tantas fuerzas para generar el fruto, para el alimento y para comprender que todo está integrado. A continuación se enumeran los aspectos en que hay que comenzar a centrar la atención más allá de lo económico y los correspondientes indicadores que consideramos que son importantes para verificar esos aspectos vitales para así verificar si la población está viviendo bien:

1. Equilibrio de la Madre Tierra.
 Los estados no pueden construirse a partir de destruir la vida; se debe tomar medidas respecto a las empresas mineras, que contaminan las aguas con sus residuos tóxicos, a las fábricas que contaminan el aire, los hospitales que contaminan con sus desechos, las empresas pe-troleras que generan impactos devastadores a la naturaleza tanto en la exploración como con la explotación. En qué medida el Estado cuida las especies naturales, no puede haber especies en extinción, no por construir las urbes o los caminos se va a arrasar con comunidades o destrozar el equilibrio natural del lugar, el Estado debe controlar la forma de producción, no puede haber monocultivo porque destroza la Madre Tierra, por sustentar la ganadería grandes extensiones de tierra son devastadas desapareciendo bosques y selvas. Indicadores. En qué medida el Estado, la población y las empresas coadyuvan a que se cuente con agua pura y limpia, con ríos limpios, aire limpio, naturaleza (flora y fauna naturales), fertilidad de la tierra y otros. Si se practica el monocultivo o el multicultivo. Si hay especies en extinción o no.
2. Necesidades vitales.
 Se deberá garantizar la producción de alimentos sanos (no transgénicos) y el acceso a ellos, acceso al agua, saneamiento y fuentes de energía de toda la población. Agua, aire entre otros no pueden ser negociados porque son necesidades vitales para la vida y el Estado tiene que recuperar su administración como parte de su rol y capacidad social. Indicadores. Porcentaje de la población que cuenta con estos servicios, agua, saneamiento, luz, gas, etc. ¿Qué porcentaje de los alimentos que se producen en un país son orgánicos y en qué porcentaje llegan a la población?

3. Tierra, territorio y vivienda.
 El Estado y la comunidad deberán asegurarse que cada familia tenga vivienda en una primera etapa, sin la preocupación de tener que pagar alquileres o anticrético, o con deudas en las que termina pagando dos veces o más de lo que se prestó y atándose a los bancos 15, 20 o 30 años. En una etapa posterior se centrará la atención en procurarnos viviendas dignas, es decir, no en un concepto de hacinamiento producto de la modernidad, por ejemplo, viviendas que nos permitan relacionarnos bien con todo lo que nos rodea, el aire, el sol, la Madre Tierra, animales, plantas, etc. Indicadores. Qué porcentaje de la población tiene vivienda propia. Qué porcentaje de la población tiene vivienda propia y digna.

4. Familia.
 Índice de permanencia en los matrimonios y nivel de cohesión de las familias. Lo que podrá verificarse también a partir de saber el índice de divorcios, que en la actualidad es muy elevado.

Salud integral.
Tiene que ver con el equilibrio de interrelación entre las personas, en todos los niveles: físico, mental, emocional y de la conciencia de vida, de manera permanente. Equilibrio y armonía es consecuencia de una vida sana. Indicadores. Los indicadores que permitan verificar la salud integral de los pueblos tendrán que ver con la existencia de campos deportivos para las diversas prácticas, bibliotecas, acceso a la información, espacios de interrelación con la naturaleza y espacios para la expresión de prácticas espirituales. Estos espacios deben ser accesibles para todos y constatarse que están siendo utilizados. Se consideran también el equilibrio mental y emocional, grado de satisfacción y optimismo en la vida individual, autoestima, nivel de estrés, actividades espirituales. Se verificará si las personas hacen ejercicios, si duermen bien y si enferman o no y con qué frecuencia. Índice de mortandad. Este indicador está estrechamente ligado al anterior, ya que permitirá verificar no solamente que la gente no se está muriendo sino las razones por las que muere. Es decir, no se trata de que la gente no se muera o que viva más años, sino de comprobar las razones por las que muere en mayor medida; si por muerte natural o por suicidios, por muertes provocadas o enfermedades y a qué edades.

6. Educación.
 En cuanto al sistema educativo, el Estado debe dar los principios y los lineamientos en el horizonte del Vivir Bien y hacer que se cumplan. Cuando la educación dé la posibilidad de expresión de habilidades y capacidades naturales y generadas en las personas y deje de promover solo algunas carreras catalogadas como «exitosas» o porque «está de moda». Cuando se tenga un índice elevado de jóvenes de alrededor de los 18 años que ya están en capacidad de aportar con estas capacidades a la sociedad y asimismo poder sustentarse dignamente. Cuando en las sociedades se pueda constatar que no existe discriminación ni racismo, este será también un indicador de que se cuenta con una buena educación.

 Indicadores. Nivel de empleo y desempleo. Nivel de productividad.

7. Dignidad. La expresión plena y libre de la identidad de cada región.

Identidad. La expresión plena de fiestas, ceremonias, vestimenta, lengua, danzas y todas las tradiciones. Pueblos que saben de dónde vienen, quiénes fueron sus antepasados y se sienten orgullosos de ellos.

8. Relaciones comunitarias.
 Hay que tener en cuenta que el concepto comunitario es una forma de vida, no es un concepto relacionado exclusivamente a una delimitación espacial; comunidad no necesariamente es sinónimo de campo o área rural, es una forma de vida más allá del tiempo y del espacio. Por lo tanto, también se conciben las comunidades urbanas. Indicadores. Verificar la vitalidad de las comunidades, las relaciones e interacciones a través del nivel de confianza, el afecto, el sentido de pertenencia, la seguridad en el hogar y el nivel de servicio o reciprocidad expresados

.9.Forma de gobierno.
 Percepción por parte de la comunidad del gobierno, el sistema judicial, electoral y policial, deudas contraídas, seguridad en el empleo y vivienda.

10. Nivel de empleo/desempleo.
Bajo la cosmovisión de los pueblos originarios no existe el subempleo, pues ninguna ocupación es superior o inferior a otra, más bien se requiere de una distribución equilibrada de los oficios o profesiones, según la necesidad de la comunidad. Desde la educación se tiene que promover la desjerarquización de estos. Los oficios o profesiones deben responder en única instancia, a las habilidades de cada persona, pues cualquier ocupación que otorgue un bien o un servicio, es algo digno para la comunidad si ayuda a construirla y a preservarla. Indicadores. Porcentaje de empleos permanentes y temporales, porcentaje de desempleo y grado de satisfacción con el empleo

11. Medios de comunicación.
 Estos tienen que responder a las necesidades de la comunidad, promoviendo la práctica de principios y valores, coadyuvando a la convivencia en equilibrio y armonía. No pueden ni deben responder a intereses sectoriales, particulares o personales, sino de la comunidad. Indicadores. En qué medida los medios generan encuentros o desencuentros, educan o corrompen, informan o desinforman. Percepción por parte de la población.

12. Seguridad/violencia.
 La seguridad no necesariamente se garan-tiza por la presencia de mayor número de efectivos policiales. La seguridad es consecuencia de la armonía y la violencia es consecuencia de la desarmonía. Al apartarnos de los principios y valores y generar desigualdades e injusticia, inevitablemente surge la violencia. Indicadores. Porcentaje de casos de violencia.

13. Relaciones bilaterales y multilaterales.
 Cómo se articulan los países en el contexto internacional. Indicadores. Relaciones de cada país con los demás. Bajos estos indicadores, si bien los países del Primer Mundo, los países «desarrollados» viven mejor en términos económicos, especialmente en relación a los países «subdesarrollados», no viven bien, pues no necesariamente el bienestar material asegura la felicidad. Es evidente que Occidente está en crisis. Por ejemplo, el suicidio es la decimotercera causa de muerte en el mundo, siendo en los países desarrollados la segunda causa de muerte; cada minuto mueren dos personas en el mundo por suicidio. En los países subdesarrollados de la misma forma unos cuantos viven mejor y millones viven muy mal, pero no solo en términos económicos, sino en términos de vida. El horizonte del Vivir Bien no solamente busca el equilibrio en lo social, ante todo busca el equilibrio de la vida y esto emerge de una cosmovisión, es decir, de una forma de concebir el mundo y la vida. El Vivir Bien no solo es producto de una conciencia medioambiental; es una conciencia de comprender la dinámica e interacción de la vida. El Vivir Bien emerge desde la dimensión espiritual.

Hacia la construcción de políticas públicas sobre el Vivir Bien
 El reto y la oportunidad que nos pone ahora la historia como generación, es justamente la aplicación de toda una cosmovisión y paradigma antiguos y nuevos a la vez, en la práctica real, impulsada en gran parte desde la generación e implantación de políticas públicas en el marco del Vivir Bien. Como punto importante, es necesaria la reconstitución del equilibrio y la armonía en lo social y en la vida. Primero, se debe resolver el hambre emergente y luego, el acceso a los servicios vitales: agua, tierra-territorio, aire y fuego-energía. En el marco de la propuesta del Vivir Bien y las políticas públicas que conlleven a ello, se debe contemplar:– La generación de comunidades productivas, impulsando y promoviendo la rearticulación comunitaria tanto en el campo como en las ciudades.– Recuperar y luego producir semillas sanas, sin alteración genética. Bajo el principio del Qolqa8 se debe crear un centro o instituto de producción natural de semillas y recuperación de las diferentes variedades.– Generar alianzas complementarias estratégicas entre comunidades y el Estado, y con empresas privadas que compartan la visión de estas alianzas.– Los estados deben garantizar primero la necesidad interna (mer-cado interno) y luego exportar, no en un sentido solo comercial, sino buscando toda relación en función del principio del ayni, es decir, complementarnos con otros países siempre después de resolver las necesidades internas. – Impulsar créditos a las comunidades.– Producir alimento unido a la dimensión espiritual.– Promover una alimentación sana, que no necesariamente sig-nifica «estómago lleno»
.8. Qolqa, lugar de acopio de semillas, frutos, productos varios. Asimismo es un lugar de distribución y redistribución de alimentos.´

Por otro lado, cuando hablamos de cambio no se trata solo de un cambio de personas; incluyendo espacios de decisión o acción a quienes han estado excluidos, sino que esencialmente es el cambio de una forma de gobernar, una nueva forma de concebir la autoridad. En Occidente la expresión jerárquica que ha marcado la forma de relacionarse en la familia, en la educación, entre las personas en general y entre las formas de existencia, está también presente en la forma de gobernar. Esta forma de expresión jerárquica hace que la autoridad dé a las personas que la ejercen, un estatus que las colocan por encima de los demás y además les brindan una serie de privilegios. Con ello, más que acercarse, se aleja de aquellos a quienes representa. En cambio la autoridad en la vida comunitaria es un servidor, este adquiere una responsabilidad; cuida de todos y vela porque todos vivan en equilibrio y armonía. Por lo tanto, al hablar de proceso de cambio, la nueva forma de gobernar es con responsabilidad, con afecto, y el afecto no surge de un acto reflexivo, es producto de una verdadera integración. El afecto parte de generar puntos de encuentro en la comunidad. La frecuencia con que las personas se encuentran o se relacionan, genera afecto. La frecuencia con la que se interactúa incluso para disentir, en una verdadera relación de complementación, genera afecto. El propósito último ya no es solo la resolución de problemas, sino mantenernos unidos por el afecto. Entonces en una relación afectiva ya no tienen lugar la manipulación, la utilización y menos el abuso, sino el cuidado y el respeto de esa familia sagrada, que conforman todas las formas de existencia. Por lo tanto, si hablamos de las nuevas autoridades, necesitamos de un cambio de actitud, no se trata solamente de un cambio de imagen, al cambiar de una persona occidental a una indígena. Tenemos que restituir la forma de gobernar desde el principio indígena originario; esta autoridad gobierna con afecto principalmente. La autoridad es el padre, es la madre, por lo tanto tiene que cuidar a todos y velar por todos y en ese contexto tenemos que visibilizar nuevas, aunque antiguas, formas de gobernar; nuevas, aunque antiguas, formas de solucionar los problemas. No es confrontando o enfrentando, sino complementando. Eso implica una verdadera conciencia comunitaria. ´
La historia ha alcanzado un punto de inflexión trascendente para la humanidad. El ímpetu de los pueblos indígena originarios es sustentado por las fuerzas naturales de la Madre Tierra, la Pachamama, y tenemos que saber responder a ese llamado de la vida. Está en nuestras manos.

Comentarios finales
La crisis actual es producto de un modelo desarrollista, individualista, depredador, materialista, antropocéntrico, etc. Es una crisis de vida y un paradigma. El paradigma que llevó a la humanidad al estado en que se encuentra considera que la tierra es materia inerte, un ser sin vida, un depósito de «recursos» que pueden ser aprovechados para el «bienestar» solo del ser humano. Un paradigma que no considera la existencia y la importancia de otras formas de vida. Ante esta crisis paradigmática, son muchas las intenciones por reformular el sistema dominante y tratar de hallar soluciones. Estas intenciones que se expresan en innumerables cumbres, talleres, encuentros internacionales, publicaciones, deben contemplar la necesidad de una cambio de paradigma de vida en base a la filosofía del Vivir Bien o Buen Vivir heredada y transmitida por los pueblos originarios de diferentes latitudes de la Madre Tierra, pero entendida y comprendida ésta en su verdadera esencia y significancia. Para los pueblos originarios todo vive y todo es sagrado, todos merecen respeto y cada uno de ellos tiene un determinado rol complementario para el equilibrio de la vida. Vivir mejor es consecuencia de un modelo, pero no solo de un modelo económico, emerge de un modelo de concepción espiritual. Por lo tanto, para llegar al horizonte del Vivir Bien, no solo se debe replantear la estructura y modelo económico, sino reconstituir la cosmovisión de la cultura de la vida. La dominación no comenzó solo por lo económico, sino por lo cultural, por lo espiritual; por lo tanto cuando se habla de un proceso de cambio, desde los pueblos indígenas originarios, se habla de volver a los orígenes, a la identidad natural, que exprese los valores de armonía y equilibrio en comunidad. El mundo está sumido en un sufrimiento porque ha habido un pensamiento y prácticas colonizadoras desde lo cultural y lo espiritual; por lo tanto, la liberación y la solución a esta crisis deben ser enfocadas desde la reconstitución de la identidad cultural, con la dimensión espiritual. Vivir Bien o Buen Vivir tiene una trascendencia y connotación espiritual.

Ilustración: Paul Gauguin
Fuente: rebelión.org  http://rebelion.org/docs/161862.pdf

miércoles, 18 de abril de 2012

Perspectivas Ecosociales: "Apuntes para el socialismo del siglo XXI "







La crisis de civilización que hoy experimentamos es el resultado de más de dos siglos de modernidad capitalista, un proceso histórico que nos ha conducido a un panorama de miseria social y a una temible crisis ecológica que amenaza la vida sobre el planeta, lo cual anuncia una verdadera crisis de sentido para la vida y para la historia de nuestras sociedades. ¿Acaso la modernidad falló tanto en su apuesta liberal como socialista? ¿Acaso la historia perdió sentido; acaso se haya fatalmente condenada?

Para nosotros, si la historia puede cobrar un sentido diferente tendría que hacerlo en un sentido opuesto a la lógica actual de la sociedad; tendría que hacerlo fuera de la lógica cosificada del valor, fuera del individualismo, el autoritarismo, el machismo y la depredación ecológica. Esto implica reinventar el mundo, reinventar la sociedad sobre bases completamente diferentes. La pregunta sería desde dónde construir la experiencia de esa historia distinta. Desde qué posturas teóricas, desde qué valores, desde qué ética y desde qué experiencias históricas. Sin esperar, por supuesto, que ello consista en una receta mágica, monolítica o dogmática. Un cambio posible deberá sembrarse sobre la base de la pluralidad y el debate constante.

Desde nuestra perspectiva, la lucha por resignificar la historia debería ser una experiencia que logre atajar los antagonismos modernos entre tradición y modernidad; entre naturaleza y sociedad; entre campo y ciudad y ello representa un ejercicio abierto al debate, abierto a la pluralidad y a la creatividad. La sola idea de cambiar el mundo implica hacer un intento por recuperar las experiencias más valiosas de la humanidad y, al mismo tiempo, ser capaces de innovar, ser capaces de ir contra y más allá de la moderna sociedad capitalista.

Sin duda alguna el proyecto liberal de la modernidad capitalista sólo ha sido brutalmente contrastado y puesto en cuestión por el horizonte socialista. El socialismo, como perspectiva de emancipación, se instala en la moderna sociedad industrial intentando cuestionar el orden social en su totalidad; intentando consolidar una verdadera resignificación de la vida y de la historia más allá de la opresión y la explotación.

El socialismo, por supuesto, no es ningún bloque estático u homogéneo ya que en su interior conviven diversas perspectivas de emancipación social, pasando por el anarquismo, el comunismo e incluso ciertas formas de socialismo utópico. ¿Pero es válido, o quizás factible, el proyecto socialista como proyecto histórico, como movimiento de transformación social, como anhelo de reinvención radical para la historia?

Nos parece, a la vista de las experiencias de lucha social y política a nivel mundial de la última década, que hoy más que nunca es necesario y coherente el horizonte socialista para este siglo pues, frente a la crisis de civilización, el socialismo continúa proponiendo e impulsando la creación de un mundo sin opresión ni explotación, sin propiedad privada ni Estado. Esto indica la vigencia y la necesidad de seguir pensando la realidad de manera distinta; de seguir actuando de manera crítica y radical, es decir, revolucionaria.

La pregunta, por supuesto, es qué tipo de socialismo construir y bajo qué supuestos históricos y teóricos, lo cual constituye un reto que sobrepasa a una sola corriente teórica, a una sola corriente política o a un sólo autor. Por ello es importante resaltar la necesidad de consolidar un ambiente de diálogo permanente entre autores y corrientes con la intención de recrear nuestros horizontes prácticos y teóricos.

En ese campo de lucha y de emancipación el marxismo revolucionario, sin lugar a dudas, juega un papel primordial. Debemos reconocer que cualquier perspectiva revolucionaria de la modernidad debe transitar necesariamente por las coordenadas esbozadas por Marx y por los distintos marxismos que se han desarrollado en el seno de esta compleja tradición teórica y política.

El presente esfuerzo pretende contribuir, de manera simultánea, a una reflexión crítica sobre el proyecto comunista de sociedad y sobre la necesidad y vigencia de la teoría marxista en vistas de reinventar el sentido de nuestras vidas y de nuestra historia. Como todo esfuerzo teórico se ve limitado por distintas razones, y es en esa medida que este ensayo pretende ser una invitación explícita –también- a reinventar la teoría marxista revolucionaria.

Con la intensión de impulsar un socialismo revolucionario y libertario, a lo largo de este artículo nos proponemos operar un abordaje y un rescate crítico, desde una perspectiva marxista, de tres corrientes de teóricas y políticas que en la actualidad gozan de un peso significativo para las luchas de las clases subalternas a nivel mundial: el romanticismo revolucionario, el anarquismo y el ecosocialismo. Todo ello, con la intención de entretejer una perspectiva creativa y dinámica para el socialismo del siglo XXI.

La decisión de retomar estas tres perspectivas no fue casual. Desde nuestra perspectiva el socialismo del siglo XXI debe emprender una revisión crítica de estas corrientes de pensamiento en vistas de su propio proyecto histórico. Para nosotros, existe la urgente necesidad de hacer de la política socialista una herramienta útil en la lucha de clases actual y, para ello, debe lograr apropiarse de una perspectiva romántica, libertaria y ecosocialista.


Entre la tradición y la modernidad: el romanticismo revolucionario


Contrariamente a lo que se puede leer en los manuales de historia de la literatura, el romanticismo es mucho más que una escuela literaria de principios del siglo XIX. Se trata más bien de una visión del mundo, que atraviesa todos los campos de la cultura – literatura, artes, filosofía, religión, doctrinas políticas, historiografía, antropología, etc. - y que tiene por eje principal una crítica cultural a la moderna civilización capitalista en nombre de ciertos valores – sociales, culturales, religiosos – del pasado pre-moderno.

La protesta romántica se levanta en contra de algunas de las características centrales de las sociedades burguesas modernas: el desencantamiento del mundo, la cuantificación de las relaciones sociales, la mecanización de la vida y la atomización de los individuos. De hecho, el romanticismo es una de las principales estructuras de sensibilidad de la cultura moderna, que aparece en mediados del siglo XVIII -se puede considerar Jean-Jacques Rousseau como su « fundador » - y continúa hasta hoy. Un movimiento político-cultural como el surrealismo es un ejemplo evidente de romanticismo en el siglo XX.

Para muchos marxistas, el romanticismo, por su referencia al pasado, es necesariamente un movimiento reaccionario. Pero en realidad, el campo cultural romántico es muy heterogéneo políticamente, y en su interior se cristalizan dos polos opuestos: uno, el romanticismo regresivo, restaurador y/o reaccionario, que sueña con una (imposible) vuelta al pasado; el otro, el romanticismo utópico y/o revolucionario, para el cual se trata más bien de un giro por el pasado en dirección al futuro. Para el romanticismo revolucionario -que hace suyos los valores emancipadores modernos, libertad, igualdad, fraternidad- la nostalgia del paraíso perdido es proyectada hacia un futuro ideal. De hecho, el socialismo romántico es una de las formas que puede tomar el romanticismo revolucionario.

La critica romántica de la modernidad no deja de ser, a pesar de su « pasadismo », una forma cultural moderna; se le puede considerar una auto-critica cultural de la modernidad. Su protesta tiene por algo aspectos fundamentales de la civilización capitalista: la mercantilización, la reificación, el espíritu de cálculo comercial, la disolución de todos los valores cualitativos (estéticos, éticos o sociales) y la dominación exclusiva de la cantidad, del valor de cambio, del dinero.

Una impresionante síntesis de esta crítica romántica anti-capitalista es el siguiente pasaje de un autor del siglo XIX:
« Finalmente vino un tiempo en el cual todo lo que los seres humanos habían considerado inalienable se transformó en objeto de cambio, de tráfico y pudo alienarse. Es el tiempo en el cual las cosas mismas que hasta entonces eran transmitidas pero jamás cambiadas ; regaladas pero jamás vendidas ; obtenidas pero jamás compradas – virtud, amor, opinión, ciencia, consciencia, etc. - una época en la cual finalmente todo paso en el comercio. Es el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o, para hablar en términos de economía política, el tiempo en el cual todas las cosas, morales o físicas, transformadas en valor venal, son llevadas al mercado para ser apreciadas a su justo valor ».

¿Quién es el autor, tan nostálgico del pasado pre-capitalista, de esta feroz crítica moral de la sociedad burguesa? Muchos lectores habrán reconocido la pluma de… Karl Marx. 1


¿Sería Marx un pensador romántico? No, por cierto, pero Marx reconocía a la crítica romántica de la sociedad burguesa una cierta legitimidad: « En etapas anteriores de la evolución se manifiesta una mayor plenitud del individuo (…). Es tan ridícula la nostalgia de esta plenitud originaria, cuanto la creencia en la necesidad de quedarse en el vacio presente. La concepción burguesa nunca logró superar a la romántica, y por tanto esta la va a acompañar, como su legitima oposición, hasta su bendito termino ». 2 Además, existe en los escritos de Marx un « momento romántico », que se manifiesta, por ejemplo, en su interés por el « comunismo primitivo » y, en sus últimos escritos, en defensa de la comunidad rural rusa con sus tradiciones colectivistas. En una carta a la socialista rusa Vera Zasulitsch, en 1881, Marx considera esta comuna como el punto de partida para una regeneración socialista de Rusia. En última instancia, escribe Marx en uno de los borradores de la carta, que es el socialismo sino el « retorno de las sociedades modernas a una forma superior del tipo más arcaico: la producción y la apropiación colectiva » Añadiendo un comentario irónico: « no hay que dejarse intimidar por la palabra ‘arcaico’ ». 3 Se trata de una dialéctica entre el pasado (« arcaico » o « primitivo ») y el futuro (utópico) típica del romanticismo revolucionario.

El socialismo romántico se va desarrollar, después de Marx, en la obra de autores como William Morris, revolucionario inglés de sensibilidad marxista/libertaria, autor de la célebre novela utópica, News from Nowhere (Noticias de ninguna parte) (1890), o el filosofo marxista Ernst Bloch, que caracterizaba sus primeros escritos como expresión de « romanticismo revolucionario ».

Uno de los socialistas románticos más importantes del siglo XX es el marxista peruano « heterodoxo » José Carlos Mariátegui. C ontra el romanticismo retrogrado de las elites - la nostalgia del periodo colonial - él apela a una tradición más antigua y profunda: las civilizaciones indígenas precolombinas: “El pasado incaico ha entrado en nuestra historia, reivindicado no por los tradicionalistas sino por los revolucionarios. En esto consiste la derrota del colonialismo (…). La revolución ha reivindicado nuestra tradición más antigua” 4 .

Mariátegui llamó a esta tradición “el comunismo incaico. 5 No se trata para él de volver al pasado pre-colonial, sino de entender las raíces indígenas del futuro: “El socialismo, en fin, está en la tradición americana. La más avanzada organización comunista primitiva, que registra la historia, es la incaica. No queremos ciertamente, que el socialismo en América sea calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una nueva generación” 6 .

Este mensaje no quedó olvidado. Una visión romántico/revolucionaria semejante se encuentra en muchos de los movimientos indigenistas actuales en América Latina. Estos movimientos – en Perú, Ecuador, Bolivia, pero también México - se refieren al pasado comunitario inca o maya, no para restaurar el Twantisuyo, o la civilización de los Mayas, sino para plantear una alternativa radical al neo-liberalismo, al colonialismo, al mismo sistema capitalista. La expresión “socialismo comunitario” que circula en Bolivia es una de las manifestaciones de esta visión del socialismo del siglo XXI.


Perspectivas libertarias para el socialismo del siglo XXI
Por ruidoso que pueda resultar para muchos, en las luchas de las clases subalternas podemos hallar un sabor libertario inconfundible que trae hasta nosotros la memoria del movimiento anarquista internacional. En la actualidad el anarquismo es un espectro difuso que se mezcla en las luchas cotidianas de las clases subalternas en todo el mundo, a pesar del pensamiento dominante que intento borrarlo, a toda costa, de la memoria de los oprimidos. ¿Tendrá la historia del anarquismo algún significado o valor frente a la situación actual?

A lo largo de más de una década tuvieron lugar distintos eventos de lucha cuyo contenido libertario remembraba, no sin melancolía y un sabor utópico inigualable, las grandes odiseas del anarquismo internacional, una historia de luchas, y también de persecución, tortura y deportación. Las luchas antineoliberales emergen en un ambiente completamente distinto pero enfrentado, en muchísimos sentidos, a un panorama que anuncia la necesidad de recrear la política de las mayorías bajo perspectivas abiertamente libertarias. Y en ese caso nos parece que el anarquismo tiene un valor inigualable.

El anarquismo, como parte del movimiento socialista, es una de las corrientes políticas más radicales de crítica romántica a la modernidad, pero al mismo tiempo profundamente moderna pues sus aspiraciones llevan hasta sus últimas consecuencias el ideal de la autonomía de individuos y comunidades para conducir sus vidas y su historia. A lo largo del siglo XX, el socialismo libertario logró constituirse como uno de los principales profetas de la revolución socialista como una lucha primordialmente antiestatal y predominantemente social basada en prácticas federativas y autogestivas, elementos presentes en las luchas de las últimas décadas a nivel mundial. Basta recordar el perfil autonomista de los movimientos indígenas en América Latina, los proyectos autogestivos también en esta región así como la autogestión de numerosas fábricas en países como Argentina y Canadá.

Es necesario señalar que las tendencias libertarias de las protestas sociales de la última década han traído a colación viejos debates dentro de la izquierda revolucionaria a nivel internacional relacionados con la toma del poder, la construcción del Estado y la participación electoral. Y es que no podemos negar que, desde hace aproximadamente una década, han vuelto de manera contundente las discusiones estratégicas entre los distintos movimientos sociales del mundo. Las tensiones y contradicciones de este proceso fueron particularmente fuertes entre los movimientos latinoamericanos que alcanzaron la capacidad de derribar gobiernos.

Desde esta perspectiva consideramos fundamental que el proyecto socialista de este siglo vuelva sobre las experiencias y las concepciones del movimiento anarquista, pues detrás de todos estos episodios podemos encontrar un legado inigualable para las luchas revolucionarias de este siglo. Para las y los socialistas de nuestra época debe ser de gran interés un nuevo acercamiento a la literatura ácrata con el firme objetivo de renovar el proyecto socialista desde perspectivas libertarias.

Debemos ser conscientes que tras las experiencias del movimiento socialista durante el último siglo el horizonte socialista para este siglo debe ser capaz de integrar dentro de sus elementos constitutivos una crítica radical del autoritarismo, el burocratismo y el estatismo desarrollados no sólo en las experiencias de la Unión Soviética. Para ello, consideramos fundamental operar un rescate crítico del socialismo libertario.

No debemos olvidar que desde sus inicios el anarquismo hizo de la libertad el valor supremo de su pensamiento. Desde esta visión, es la libertad la fuente, pero al mismo tiempo, la única posibilidad de progreso para la humanidad. Es en este sentido que, bajo el enfoque libertario de Proudhon, libertad y solidaridad son conceptos hermanados orgánicamente pues como lo indica en su Confesión de un revolucionario:
“Consideradas desde el punto de vista social, libertad y solidaridad son dos conceptos idénticos. Encontrando la libertad de cada uno, no un impedimento en la libertad de los demás, como dice la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1793, sino un apoyo, el hombre más libre es el que mayores relaciones tiene con sus semejantes”

Como podrá intuirse, dentro del movimiento anarquista no existe una concepción definitivita de la libertad. Sin embargo, todas las corrientes anarquistas coinciden en identificar la libertad con la autonomía plena de individuos y colectividades para decidir el sentido y la dinámica de sus vidas en contraposición a cualquier tipo de jerarquía. De esta manera, la concepción anarquista de la libertad transgrede los tradicionales límites modernos del concepto ya que para el anarquismo la libertad emerge en una oposición irreductible al Estado. Desde la perspectiva ácrata no es el Estado la garantía para la libre autodeterminación de la sociedad.

Pero, lo que resulta verdaderamente sorprendente es cómo esta concepción de la libertad fue constituida a través de prácticas históricas completamente radicales. De hecho, la historia del anarquismo es la historia de una serie de experiencias que intentaron llevar, hasta sus últimas consecuencias, esta concepción de la libertad. Esto se hizo evidente en la experiencia de las rebeliones campesinas en Ucrania (1917- 1920) y Corea (1929-1930), la experiencia de la CNT-FAI en la revolución española (1936-38), y en la experiencia del sindicalismo revolucionario en Italia (USI), Argentina (FORA), Bolivia, en otros muchos países.

Es necesario reconocer que en todas estas experiencias se ejercieron prácticas que hoy deben volver a pensarse y, sobre todo, a revalorarse. En primer lugar, la perspectiva antiautoritaria del socialismo libertario logró impulsar prácticas tan radicales como las milicias voluntarias en España y Ucrania, la reorganización de la economía sobre la base de la solidaridad a través de cooperativas cuya estructura fue en muchas ocasiones rotativa pero en general una serie de acciones que tendían abiertamente a la autogestión de la vida social. Todas estas experiencias nos muestran que una revolución social en manos de las clases subalternas deberá ser una revolución que aspire a la disolución del Estado y a la autogestión de la vida social.

Al mismo tiempo, no queremos dejar de lado las limitaciones y contradicciones de todas estas experiencias. No debemos olvidar que los socialistas libertarios experimentaron en carne propia las contradicciones de una perspectiva estratégica que pretende la disolución inmediata del Estado, y esto fue más que evidente en la experiencia del revolución española en donde la CNT se vio implicada en la participación gubernamental.

En la actualidad la disyuntiva está abierta para los distintos movimientos sociales a nivel internacional, sobre todo tras la rebeliones populares en América Latina y recientemente en el mundo árabe y en Europa las cuales revelan que no basta con la lucha social, que a ella debe sumarse la perspectiva estratégica de la toma del poder ya que, sin quererlo o no, el Estado no se disuelve automáticamente sobre todo si pensamos la revolución como un proceso internacional e internacionalista.

Desde este enfoque el socialismo del siglo XXI debe pensarse como un proceso revolucionario capaz de combinar la toma del poder con practicas autogestivas abiertamente antiestatales, es decir, la revolución deberá proyectarse como un proceso social y político que debe mezclar la creación de formas democráticas de poder con prácticas que sobrepasen al Estado y que apunten directamente a la autogestión de la vida social. En otras palabras: buscando, como lo sugería Marx a propósito de la Comuna de Paris, formas no-estatales de poder político de los trabajadores. Para nosotros la revolución socialista debe ser una revolución libertaria capaz de reinventar la historia sobre la base de la libertad y la creatividad.

La apuesta ecosocialista, la apuesta por una nueva civilización
La crisis ecológica planetaria ha tomado un giro decisivo con el fenómeno del cambio climático. Primera constatación: todo se acelera mucho más rápidamente que lo previsto. La acumulación de gases con efecto de estufa, la elevación de la temperatura, la fusión de los hielos polares y de las « nieves eternas » de las montañas, las sequias, las inundaciones: todo se precipita, y los balances de los científicos, apenas la tinta de los documentos ha secado, se revelan demasiado optimistas. Ya no se habla de lo que pasará dentro de cien años, en un futuro remoto, sino de catástrofes que pueden darse en las próximas décadas.

Los efectos de feed-back pueden provocar un salto cualitativo en el efecto de estufa y un desbordamiento incontrolable e irreversible del calentamiento global. ¿Qué pasará si la temperatura supera los 2 o 3 grados? Sabemos que la subida del nivel del mar puede llevar a la sumersión de las grandes ciudades marítimas de la civilización humana. ¿A partir de un cierto nivel de temperatura - por ejemplo seis grados - la Tierra seria aun habitable para nuestra especie? Infelizmente no disponemos de un planeta de repuesto en el universo conocido por los astrónomos…

¿Quién es el responsable por esta situación, inédita en la historia de la humanidad? Es el Hombre, contestan los científicos. La respuesta es correcta, pero un poco corta: el hombre habita la Tierra hace milenios, pero la concentración de gas carbónico ha empezado después de la Revolución Industrial y se ha agravado considerablemente en las últimas décadas. En cuanto marxistas, creemos que la respuesta es: la culpa la tiene el sistema capitalista, con su lógica absurda de expansión y acumulación infinita, su productivismo obsesionado por la ganancia. Un sistema intrínsecamente perverso, que el pretendido « socialismo real », ya desaparecido sin gloria, trató de imitar, tanto en el terreno del aparato productivo – basado en las mismas fuentes de energía, fósil y nuclear - cuanto en su obsesión productivista, en una variante de corte burocrático.

La racionalidad estrecha del mercado capitalista, con su cálculo inmediatista de pérdidas y ganancias, es necesariamente contradictorio con una racionalidad ecológica, que toma en consideración la temporalidad larga de los ciclos naturales. No se trata de oponer los « malos » capitalistas ecocidas a los « buenos » capitalistas verdes: es el propio sistema, basado en la feroz competencia, en la impiedosa exigencia de rentabilidad, en la corrida por la ganancia rápida, que es inevitablemente destructora de la naturaleza.

Una reorganización del conjunto del modo de producción y de consumo es necesaria, basada en criterios exteriores al mercado capitalista: las necesidades reales de la población y la defensa de los equilibrios ecológicos. Esto significa una economía de transición al socialismo, en la cual es la misma población - y no las « leyes del mercado », o un Buró Político autoritario – quien decide, democráticamente, las prioridades de la producción y del consumo.

Esta transición conduciría no solo a un nuevo modo de producción y a una sociedad más igualitaria, más solidaria y más democrática, sino también a un modo de vida alternativo, una nueva civilización, ecosocialista, más allá del reino del dinero, de los hábitos de consumo artificialmente inducidos por la publicidad, y la producción al infinito de mercancías inútiles.

¿Qué es entonces el ecosocialismo? Se trata de una corriente de pensamiento y de acción que se refiere al mismo tiempo a la defensa ecológica de la naturaleza y a la lucha por una alternativa socialista. En ruptura con la ideología productivista del « progreso » y del « crecimiento » - en su forma capitalista y/o burocrática – esta corriente representa una tentativa original de articular las ideas fundamentales del socialismo - marxista y/o libertario - y del anti-capitalismo con los avances de la crítica ecológica al productivismo.

El ecosocialismo es un movimiento revolucionario que pretende abrirse paso fracturando la vida contemporánea en todas sus escalas. No demos olvidar que una revolución ecosocialista debe emerger, simultáneamente, como una revolución política pero también como una revolución de la vida cotidiana. Un proceso en donde los grandes y los pequeños cambios no son contradictorios sino complementarios.

Desde ahora las y los ecosocialistas debemos emprender un combate por hacer coincidir las luchas sociales y políticas con las luchas ecológicas en una perspectiva de cambio radical. Como lo podemos constatar, el entrecruzamiento entre estas luchas será cada vez más intenso como lo demuestra la situación actual en América Latina y en muchísimas regiones del mundo.
Nos encontramos frente a un panorama muy contradictorio en donde la crisis ecológica es combatida por las clases subalternas de todo el mundo, no solo mediante resistencias sino también mediante prácticas alternativas que portan, en la práctica, una visión ecológica anticapitalista. Ello puede observarse nítidamente en numerosos territorios de América Latina en donde diversas comunidades, mayoritariamente rurales e indígenas, gestionan de manera autónoma diversos recursos naturales.

Las luchas ecológicas en todo el mundo representan un amplio escenario lleno de vida. Un escenario en donde se funden tradiciones antiquísimas de respeto a la naturaleza con nuevas experiencias que intentan inaugurar una nueva relación con la naturaleza. Uno de los ejemplos más significativos, a pesar de sus tensiones y contradicciones, lo podemos encontrar en Bolivia: por un lado, el país sigue dependiendo de las energías fósiles (gas), pero por el otro, el gobierno de Evo Morales ha encabezado las movilizaciones internacionales en contra del cambio climático.

En la actualidad las luchas ecológicas a nivel internacional hacen evidente que las luchas ecológicas son simultáneamente luchas políticas en donde se disputa el rumbo de la historia. Contrario a los que muchos quisieran, la crisis ecológica es un conflicto de clases. No podemos olvidar que los costos de la crisis son actualmente descargados sobre las y los explotados del mundo.

Por esta razón, pensamos que el horizonte ecosocialista debe operar multiescalarmente, apoyando procesos locales y regionales e impulsando, simultáneamente, perspectivas nacionales, continentales e internacionales. Nuestra labor es hacer converger todas estas movilizaciones no sólo en el terreno de lo social, mediante proyectos de autonomía y autogestión, sino también mediante la lucha por el poder pues debemos ser conscientes de que el capitalismo no desaparecerá de la noche a la mañana.

De ello se desprende la necesidad de combinar los combates sociales con los combates políticos. No basta luchar por cambios de gobierno, pero tampoco basta con la lucha social al margen del poder. Ambas dimensiones deben impulsarse simultáneamente. Es desde esta visión que consideramos fundamental pensar en la construcción de gobiernos no solo anticapitalistas sino también ecologistas ya que, como lo demuestran las pugnas actuales socioambientales en América Latina, se trata de consolidar experiencias de gobiernos anticapitalistas con una perspectiva ecologista.

Nos encontramos en un momento estratégico para las luchas ecológicas a nivel internacional. Sobre todo, si tenemos en cuenta el desastre de la COP 16 que anunció la intensificación de los desastres ecológicos, pero sobre todo tras la cumbre de los pueblos realizada en Cochabamba en donde se hizo evidente la necesidad de pasar a la ofensiva, de ir más allá de la resistencia avanzado sobre la consolidación de alternativas sociales y políticas, más allá del capitalismo.
Finalmente, queremos expresar que luchar por una revolución ecosocialista implica resignificar el sentido de nuestras vidas pues una relación distinta con la naturaleza conlleva una relación distinta con nosotros mismos.

Conclusión
El socialismo del siglo XXI se sitúa en una relación dialéctica de continuidad y ruptura en relación con el socialismo del siglo XX. La continuidad se refiere a lo mejor que ofreció el pensamiento y la acción de los revolucionarios del pasado, desde Emiliano Zapata y Augusto Cesar Sandino, hasta José Carlos Mariátegui y Ernesto Che Guevara ; desde Rosa Luxemburgo y León Trotsky, hasta Bonaventura Durruti y Emma Goldman ; desde György Lukács y Ernst Bloch hasta Antonio Gramsci y Walter Benjamin ; desde William Morris y Gustav Landauer hasta André Breton y Guy Debord. La lista es obviamente mucho más larga… Nos interesa la herencia marxista revolucionaria, libertaria y romántica, en su pluralidad contradictoria pero potencialmente convergente.

No se trata de inventar un nuevo dogma, un sistema cerrado con pretensiones exclusivas, en lugar del llamado « marxismo-leninismo » del siglo XX, sino de buscar inspiración en la diversidad de las culturas revolucionarias. Nos interesan también, pero con una perspectiva crítica, las grandes experiencias revolucionarias del siglo XX, no sólo las victoriosas - la revolucion rusa, la cubana - sino también las que fueron derrotadas: la revolución mexicana, la alemana, la española - entre otras. No empezamos desde cero, ni hacemos del pasado tabla rasa: sin memoria del pasado, no habrá futuro.

La ruptura se refiere a las tendencias dominantes en el socialismo del siglo XX, el reformismo social-demócrata, cómplice de la Primera Guerra Mundial, responsable del asesinato de Rosa Luxemburgo en 1919 y de varias guerras coloniales, y el estalinismo, responsable de numerosos crímenes en contra de la humanidad en nombre del « comunismo ». Estas dos tendencias comparten una concepción estatista, « desde arriba », del socialismo, donde todas las transformaciones son iniciativa del Estado - burgués, en el caso de la social-democracia, burocrático/autoritario en el estalinismo – y de sus aparatos. La ruptura se refiere también a la tendencia productivista, predominante en las corrientes socialistas del siglo XX, desde las más moderadas hasta las más radicales. La opción por el ecosocialismo es, desde un cierto punto de vista, la más novedosa dimensión del socialismo del siglo XXI en relación a las tradiciones del pasado en la izquierda y el movimiento obrero. Ella implica una ruptura con el culto « socialista » del infinito « desarrollo de las fuerzas productivas », y con la ideología del progreso irreversible, traducido por el « crecimiento » y la « expansión » de la producción y del consumo.
Hemos propuesto tres dimensiones que nos parecen importantes para el socialismo del siglo XXI: el romanticismo, el anarquismo y la ecología. No las planteamos como alternativa al marxismo revolucionario, sino como una forma de enriquecerlo, y de radicalizar su oposición a la civilización capitalista. Estas tres dimensiones no son separadas, sino que se interrelacionan y se combinan de diferentes formas. El anticapitalismo romántico está presente tanto en la ecología radical como en el socialismo libertario - y viceversa.

El socialismo del siglo XXI es un horizonte utópico, una propuesta revolucionaria, la perspectiva de « un otro mundo posible », más allá de las infamias del capitalismo. Pero no se trata, para nosotros, de esperar por el « Gran Día », el derrocamiento final del capitalismo, la revolución mundial. El camino hacia el socialismo del siglo XXI empieza hic et nunc, aquí y ahora, en la convergencia de luchas de clases y luchas ambientales, contra el enemigo común que son las políticas neo-liberales, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el imperialismo yanqui, el capitalismo global. La lucha de las comunidades indígenas, de los campesinos sin tierra y de los trabajadores del campo de Perú, Ecuador y Brasil en defensa de la Amazonia, bien común de la Humanidad, en contra de las multinacionales petroleras, los latifundistas, las empresas madereras y el agro-negocio es un ejemplo evidente de estos combates por un futuro distinto.

Lo mismo se puede decir de la rebelión de los estudiantes en defensa de la educación como servicio público en Chile, de las ocupaciones de fábricas en Argentina, de los acampamientos de los sin-tierra en Brasil, - así como de algunas de las discusiones e iniciativas que se dan en el Foro Social Mundial, con la perspectiva de que « otro mundo es posible » - todas éstas son -potencialmente- semillas del socialismo del siglo XXI. Hay que mencionar también la extraordinaria experiencia del movimiento zapatista de Chiapas, con sus iniciativas de auto-organización de las comunidades indígenas, y con su planteamiento internacionalista, materializado en la Conferencia Intergaláctica de 1994 – iniciativa pionera del movimiento altermundialista. Algunas de las medidas de los gobiernos anti-imperialistas de Venezuela, Bolivia y Ecuador son también pasos en esta dirección ; pero se trata de procesos cargados de contradicciones, que sólo podrán avanzar en la medida que los movimientos sociales lo impulsen a través de movilizaciones « desde abajo » - lo que implica que los sindicatos, los ecologistas, los movimientos campesinos, las comunidades indígenas y las fuerzas de la izquierda anti-capitalista se organicen de forma autónoma en relación al gobierno y al Estado.

La pregunta, por supuesto, es cómo reconstituir y reposicionar el horizonte socialista como un proyecto histórico viable, no como un proyecto de minorías radicales sino como una aspiración paras las mayorías explotadas y oprimidas de todo el mundo, pensando, al mismo tiempo, al socialismo como un proyecto y como un proceso heterogéneo y abierto, en constante cambio pero firme en sus convicciones históricas. Esta tarea exige dejar atrás las fórmulas dogmáticas y sectarias proponiéndonos consolidar experiencias verdaderamente históricas que respondan a la situación actual, a las necesidad de las luchas contemporáneas.

Tal y como Rosa Luxemburgo lo mencionaba, las y los socialistas no somos, ni debemos ser, los maestros rojos de la revolución, por el contrario, la tarea de los revolucionarios es lograr tejer un puente entre el proyecto socialista y las luchas actuales; ello implica precisamente un ejercicio de sensibilidad ineludible. Pensar el socialismo del siglo XXI es pensar una revolución para la vida. Pensar y actuar como socialista es ser capaces de subvertir el orden común, de cuestionar radicalmente el mundo tal cual es, atreviéndonos a soñar con un mundo completamente diferente. André Breton, fundador del surrealismo, co-autor, con Leon Trotsky, del Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente (Mexico, 1938), escribió en 1935 estas palabras aun actuales: Marx decía “tenemos que transformar el mundo”, el poeta Arthur Rimbaud decía “hay que cambiar la vida”; para nosotros, los dos constituyen un solo y único imperativo.

Notas:
1 Karl Marx, Misère de la Philosophie, Paris, Ed. Sociales, 1947, p. 33.
2 K.Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie, , Berlin, Europäische Verlaganstaltung, 1953, p. 80
3 K.Marx, « Brouillons de la réponse à Vera Zassulitsch, 1881, in Œuvres II. Economie, Paris, Gallimard, 1968, pp. 1561, 1570
4 JC Mariátegui, “La tradición nacional”, 1927, Peruanicemos el Perú, Lima, Amauta, 1975, p. 121. Mariátegui Total, Lima, Empresa Editora Amauta S.A., 1994, p. 326.
5 Esta expresión aparece también en la Introducción a la Crítica de la Economía Política de Rosa Luxemburgo– publicada en Alemania en 1925 e indudablemente desconocida por Mariátegui.
6 JC Mariátegui, “Aniversario y Balance”, 1928, Ideología y Política , pp. 248-249. Mariátegui Total , Lima, Empresa Editora Amauta S.A., 1994, p. 261.




Fuente: http://rebelion.org/noticia.php?id=148176
Para leer "Un Estado Muchos Pueblos" http://rebelion.org/docs/157532.pdf